Historia | La crisis del zarismo

Por Eduardo Montagut

La Revolución Rusa de 1905 estalló por una combinación de factores. En primer lugar, fue determinante la crisis económica de 1902-1903 que generó una oleada de protestas: huelgas obreras, sublevaciones campesinas y actos terroristas. Pero el detonante fue la derrota rusa ante Japón en 1904, una verdadera conmoción que demostró la debilidad de un gigante frente a una emergente potencia que se había transformado profundamente. El conflicto produjo escasez y subida de precios y mayor presión fiscal. Estos factores incidieron sobre un sistema político y social que no había evolucionado sustancialmente durante el siglo XIX, a pesar de la emancipación de los siervos de 1861 y de algunas medidas liberalizadoras, pero muy pronto anuladas por la renovada autocracia zarista de Alejandro III.

En el mes de enero de 190, una manifestación pacífica de obreros encabezada por el pope Gapón se encaminó hacia el palacio imperial en San Petersburgo para pedir al zar protección y justicia, la mejora de las condiciones labores –jornada  de ocho horas y salario mínimo de un rublo diario- y una propuesta para que todos fuesen “iguales y libres”, con la convocatoria de una asamblea constituyente elegida democráticamente. La manifestación partía de la tradición rusa de protestas, es decir, de apelar al zar, considerado como “padrecito” del pueblo y supuestamente desconocedor de las desdichas de su pueblo.

La manifestación avanzó pacíficamente, pero Nicolás II no se encontraba en el palacio porque había huido. Las tropas dispararon contra los manifestantes provocando centenares de muertos y heridos, en lo que se conoce como el Domingo Sangriento. Este hecho desencadenó huelgas y sublevaciones por toda Rusia, creándose los primeros soviets de representantes de obreros, unos consejos que serían determinantes en el triunfo posterior en las revoluciones de 1917. En estos soviets se destacaron mencheviques y bolcheviques, que habían salido de la clandestinidad. A principios del verano se amotinó la marinería del acorazado Potemkin. En el campo se desató una suerte de terror con ocupaciones de tierras, asesinatos de propietarios y quema de palacios. La oposición liberal del zarismo, los kadetes del Partido Constitucional Democrático, quería aprovechar las protestas para forzar la creación de un sistema de representación parlamentaria a semejanza de los occidentales.

El zar Nicolás II

El gobierno ruso se vio impotente para frenar la oleada de protestas, por lo que el zar Nicolás II decidió ceder en algunas cuestiones introduciendo una serie de reformas, contenidas en el conocido como Manifiesto de Octubre. Aceptó conceder algunas libertades políticas, una ley electoral, que se crease una asamblea más o menos representativa, la Duma, aunque con poderes legislativos muy limitados, ya que el zar podía vetar sus leyes, y una serie de medidas laborales y sociales como el reconocimiento de los derechos sindicales o la jornada laboral de diez horas. También aceleró la paz con Japón. Pero eran medidas muy tímidas en relación con la situación explosiva que se comenzaba a vivir en Rusia. Los soviets siguieron actuando, destacando el de San Petersburgo. Los soviets propiciaron en noviembre la sublevación de los marineros de la base naval de Kronstadt. También el campo siguió revuelto.

El zar declaró la ley marcial y puso en marcha el aparato del estado para reprimir a la oposición. En el campo se destacaron en esta tarea las denominadas Centurias Negras. Se encarceló a los miembros del soviet de San Petersburgo. Muchos líderes de la oposición fueron deportados a Siberia, mientras que otros huyeron a Europa occidental.

En 1906 se aprobó la nueva ley electoral que demostró que los prometidos derechos políticos eran muy limitados porque establecía un sufragio que favorecía a los propietarios. Se eligieron varias Dumas muy poco representativas, muy limitadas en sus atribuciones y boicoteadas sistemáticamente por el zar, que nunca abandonó la concepción absolutista de la monarquía. Podía disolverlas, como de hecho hizo alguna vez cuando los resultados electorales no fueron de su agrado.

La Revolución de 1905 provocó que en el seno del zarismo surgiera una tendencia que se inclinó hacia la necesidad de emprender algunas reformas para evitar que volviera a estallar una revolución. Stolypin, ministro del zar entre 1906 y 1911, es el personaje clave en este momento, realizando una política que mezclaba signos de modernización con la represión de cualquier contestación, empleando con profusión la pena de muerte, y el control de la Duma, disolviéndola cuando consideró oportuno.

Stolypin pretendió crear una clase de campesinos acomodados que sostuviesen el zarismo en el campo, por lo que emprendió una especie de reforma agraria. Dividió las tierras de las comunidades campesinas (mir) para que fueran compradas por los campesinos más acomodados, los conocidos como kulaks. Esta medida, además, debía provocar un éxodo rural del resto de campesinos para favorecer la industrialización al proporcionar una masiva mano de obra.

Stolypin tuvo más proyectos pero que no cuajaron realmente porque no tuvo tiempo para emprender su proyecto de veinte años de tranquilidad: quiso aumentar el presupuesto imperial y pensó en una fuerte subida de impuestos sobre el alcohol y los bienes inmuebles. La idea era emplear el presupuesto en modernizar la industria y emprender una política de infraestructuras para mejorar las comunicaciones. Tenía en mente una especie de código laboral para crear un seguro social obrero. Otro proyecto iba encaminado a suavizar la política religiosa sobre las minorías no ortodoxas. También pensó en que debía arbitrase algún tipo de autonomía para Finlandia y Polonia.

Por otro lado, amplió los poderes de los zemstvos, es decir, de las asambleas locales para que se encauzara algún tipo de representación aunque muy controlada. Pero esta medida, aunque muy tímida, resultó demasiado avanzada para los sectores más reaccionarios del zarismo. Stolypin terminó por ser un político que no contentaba a los poderes que sostenían el zarismo pero sin ganarse la simpatía de la oposición por su implacable represión. En 1911 fue asesinado en Kiev. La autoría de su muerte ha generado polémica: ¿fue la policía o un socialrevolucionario? Su asesinato, en todo caso, es simbólico, ya que representa el fracaso de los intentos modernizadores en el seno del zarismo.

Para sostener el sistema se optó por la represión y la manipulación del patriotismo. En 1913 se celebró el centenario de la victoria rusa sobre Napoleón y el tricentenario de la subida al trono de los Romanov. El estallido de la guerra en 1914 también fue explotado por la propaganda nacionalista. Pero el zarismo estaba muerto ya. Los desastres militares y las penurias de la retaguardia precipitarían el final en 1917.

2 thoughts on “Historia | La crisis del zarismo

  • Alejandro Gonzalez Muradas
    28/09/2017 at 7:03 pm
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    La consecuencia más trascendente de la primera guerra Mundial fue que se cambió EL PATRON ORO POR EL PATRON FIAT ( también llamado dinero fiduciario, pq NO EXISTE!!!! )
    El garante de ese patrón oro era el zar Nicolás II, por eso se lo cargaron!!!!!!
    En la segunda guerra Mundial se volvió a instalar el PATRON ORO!!!
    Pero en la década de los 70, en el caso watergeit de Nixon LA CORTINA DE HUMO, lo que realmente ocurrió fue que se VOLVIO A CAMBIAR AL PATRON FIAT)
    La historia oficial dice que el zar y toda su familia fueron asesinados!!!!!
    MENTIRA!!!!!!
    Por lo menos una de sus hija escapó, y no fue Anastasia, como dice Hollywood ( la varita mágica ) FUE TATIANA, y sus descendientes viven en España!!!!!!!!!!!!!

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