Historia | Causas económicas del imperialismo

Por Eduardo Montagut

Diferentes autores han incidido en que las causas económicas son las principales a la hora de explicar el fenómeno del imperialismo europeo. Destacarían las explicaciones de Conant, Hobson, y de la historiografía marxista, especialmente por parte de Lenin y Rosa Luxemburgo. Todos coincidirían en el aspecto financiero del imperialismo, aunque con derivaciones distintas. Lenin vincularía su teoría sobre el imperialismo como estadio supremo del capitalismo a las contradicciones del mismo y a su teoría sobre quiénes debían ser los protagonistas del proceso revolucionario. Por su parte, Rosa Luxemburgo explicaría como el capitalismo era capaz de sobrevivir capturando e integrando aspectos precapitalistas. Cuando este proceso se completaba dentro de las fronteras nacionales, buscaba otras partes del planeta para encontrar territorios precapitalistas y englobarlos dentro del proceso de acumulación de capital. Esta teoría, por otra parte, establecía un modelo que, partiendo del marxismo clásico, buscaba una explicación nueva y externa a las contradicciones internas del capitalismo, algo que chocaría con las ideas de Lenin, pero este no es el objeto de nuestro artículo.

Otros autores posteriores, siguiendo en las causas económicas, ponen más el énfasis en las cuestiones de los mercados y la competencia.

Desde el punto de vista económico, el desarrollo del imperialismo se vincularía a las necesidades de las industrias de los países europeos desarrollados en plena Segunda Revolución Industrial. En el último tercio del siglo XIX, la industria llegó a tal grado de crecimiento que se hicieron necesarias la búsqueda de nuevos mercados para sus productos, de materias primas abundantes y baratas y de nuevos espacios económicos donde poder invertir el capital excedente para conseguir más beneficios, donde, además, la mano de obra era abundante y, por lo tanto, barata. Esas condiciones se encontraban en los territorios más atrasados, sin medios técnicos y más débiles de otros continentes, especialmente de Asia y África.  Tenemos que tener en cuenta que la crisis de 1873 provocó que los países industrializados desarrollaran políticas proteccionistas, por lo que se hizo indispensable buscar esos nuevos mercados, más materias primas y lugares donde invertir y encontrar rentabilidad.

El imperialismo no benefició por igual a toda la población ni a todos los sectores económicos, especialmente en el caso británico

Actualmente, se están poniendo en duda estos factores económicos en relación con el imperialismo. Hay estudios que consideran que la mayor parte de las inversiones extranjeras de los países desarrollados no se encaminaron hacia los nuevos territorios sino hacia otros países industrializados o vías de serlo, como los Estados Unidos. Además, siempre según esta nueva teoría, la mayor parte del comercio exterior, tanto de productos industriales como agrarios, siguió siendo entre los países industrializados. Por fin, ponen en duda la rentabilidad económica de algunos imperios, como el británico, el principal de todos ellos. Se habría comprobado como los costes para mantenerlo –administración, ejército, etc.- no justificaban los beneficios obtenidos.

Por otro lado, el imperialismo no benefició por igual a toda la población ni a todos los sectores económicos, especialmente en el caso británico, el más estudiado. Los principales beneficiarios fueron los sectores económicos que invirtieron en empresas coloniales mientras su contribución a pagar los costes de la administración colonial fue muy reducida. Las clases medias fueron las que contribuyeron a este coste con sus impuestos, y obtuvieron muy pocos beneficios o ninguno de la expansión imperial de su país.

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