G20 y la emergencia de la derecha latinoamericana

Por AvaGomez y Barbara Ester

Con un amplio dispositivo de seguridad y la tensión elevada por las manifestaciones de grupos antiglobalización, articulados bajo la contra-cumbre NoG20, se celebró en Hamburgo, entre el 6 y el 8 de julio, la XII Cumbre del G20. El contubernio de la ‘èlite’ de los 20 principales países industrializados y emergentes, responsables de casi el 90% del rendimiento económico global, se desarrolló bajo el lema “forjar un mundo interconectado” y se centró en la política comercial, las migraciones y la sostenibilidad.

Generar reglas comunes en las economías digitales y en la esfera de la seguridad cibernética son algunos de los esfuerzos novedosos en el marco de un proceso en el que las limitaciones del panorama internacional supusieron álgidas discusiones. Y es que la XII Cumbre del G20 se enmarcó en un escenario de retracción de varios procesos globalizadores. Un retroceso bajo el auspicio de la nueva administración norteamericana –en aparente retirada de los escenarios multilaterales de la Unión Europea y América Latina–. El repliegue quedó evidenciado con la salida de EE.UU. del Acuerdo de Asociación Transpacífica (TPP); el avance en un futuro acuerdo comercial entre EE.UU. y Reino Unido, tras el encuentro entre Trump y May; las divergencias políticas en relación a la contribución de los Estados en la OTAN y las amenazas sobre el incremento de aranceles en importaciones a varios países, entre ellos México y Brasil.

Alejados de los escenarios de integración regional, los presidentes de Brasil, Michel Temer, y de Argentina, Mauricio Macri, se articulan como los representantes latinoamericanos del grupo. El segundo, con el anuncio e invitación para la XIII Cumbre del G20 a realizarse en 2018, que tendrá como sede Buenos Aires y de la que será anfitrión Mauricio Macri, quien expresó en su ya conocido tono humorístico: “Quiero invitarlos a todos a la próxima cumbre del G20 en Buenos Aires y, con respeto, les digo a los alemanes que la próxima Copa del Mundo de fútbol será para Argentina”; un entusiasmo que parece no considerar el efecto que tuvieron para la economía y la política brasileña la organización del Mundial de Fútbol y las Olimpíadas.

El diálogo previsto entre la Primera Ministra británica, TheresaMay, y el presidente argentino, fue suspendido en un primer momento y cancelado posteriormente. En cambio, Macri sí sostuvo una serie de diálogos fuera de agenda con el recientemente electo presidente francés, Emmanuel Macron, acerca de establecer acuerdos comerciales entre Mercosur y la Unión Europea.

Por su parte, Michel Temer tuvo una limitada participación. A raíz de su tardía confirmación de asistencia, pudo desarrollar una muy acotada agenda que dificultó encuentros bilaterales con otros líderes y supuso la ausencia del primer mandatario en la declaración conjunta. Los escándalos de corrupción de su administración han dificultado la plena dedicación del presidente brasileño en la cumbre. A pesar de ello, ha manifestado públicamente que “la crisis económica en Brasil no existe. Ustedes han visto los últimos datos, verán que estamos creciendo en empleo, estamos creciendo en industria, estamos creciendo en agro-negocio. No existe crisis económica”[1]. En disonancia con esta declaración, respecto del mismo período de 2016 hubo en Brasil un incremento de 2,3 millones de personas desocupadas.

En el caso de México, que sí ha estado presente en escenarios de integración regional (recientemente en la XII Cumbre de la Alianza del Pacífico), ante el retroceso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TCLAN) con EE.UU., ha encontrado espacio para el diálogo con el primer mandatario norteamericano. El presidente DonaldTrump, mantuvo su postura frente a la renegociación (por cierto cosmética) del TLCAN[2] y en cuanto a su enfoque migratorio  parece mostrarse abierto a generar nuevos programas de trabajadores agrícolas temporales, reiterando que México debe ser quien se encargue del coste del muro fronterizo –empresa para la cual Trump no ha conseguido presupuesto y parece disiparse con los meses[3]. Justin Trudeau, primer ministro canadiense ratificó su apoyo al proceso de negociación del TLCAN, confirmando su alineación a EEUU y su devoción por los acuerdos de libre comercio (el año pasado Canadá firmó otro acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, el CETA)[4].

En términos generales la agenda globalizadora de EEUU se aleja “oficialmente” de América Latina y prevé un mayor acercamiento a los mercados asiáticos. Eso no implica que abandonará la región a su suerte, sino que está en condiciones de seguir implementando políticas económicas y de seguridad convenientes a sus intereses público-privados, encontrando cada vez menor resistencia. Mientras, los países emergentes de la región que participan en el G20 persisten  en su deferencia hacia las potencias, que seguirán negociando en condiciones de creciente asimetría con países como México, Brasil y Argentina, que parecen acomodarse una vez más a la condición de subordinación y dependencia.

[1]http://www1.folha.uol.com.br/internacional/es/mundo/2017/07/1899294-no-existe-crisis-economica-en-brasil-dice-temer-en-el-g20.shtml

[2]http://www.celag.org/no-tan-distinto-trump-el-tlcan-y-la-presencia-militar-de-eeuu/

[3]http://www.independent.co.uk/news/world/americas/us-politics/donald-trump-us-mexico-border-wall-funding-republicans-opposition-us-congress-budget-cuts-15-billion-

[4]http://www.nacion.com/economia/Union-Europea-Canada-acuerdo-comercio_0_1594440627.html

 

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