Felipe y Cebrián ¡Tú, a callar!

Por Manuel Tirado @manologandi


cebrianygonzalez

Protestas y boicot de los estudiantes en una conferencia de Felipe González y Juan Luis Cebrián en la Universidad Autónoma de Madrid. Se escuchan insultos, referencias a ETA y a la cal viva del GAL y entonces…¡Arde Troya! Acto seguido, como si de un acto reflejo se tratase, comienza la maquinaria propagandística del régimen (de la que Cebrián es uno de los mayores gerifaltes) a soltar basura sobre la protesta. Así funcionan las cosas.

La verdad es que podemos estar o no de acuerdo con las formas que usaron los estudiantes de la UAM, pero criminalizarlos y sobre todo usarlos políticamente para arremeter contra un partido político como Podemos es una autentica canallada, mucho más si cabe, cuando los organizadores de la protesta han negado totalmente cualquier vínculo con la formación morada. Pero, también en este caso, así funcionan las cosas.

Bajo mi punto de vista aquí el debate es otro, que no nos engañen. Aquí el debate es sobre la defensa de la libertad de expresión, una libertad que no parece que defienda mucho el señor Cebrián, sobre todo, visto lo visto y, más aún, leído lo leído en ese periódico que un día fue progresista y que su línea editorial lo ha convertido en puro papel higiénico (con todos mis respetos al santo y tan útil papel del váter). Porque lo cierto es que a Cebrían y a Felipe sólo les interesa un tipo de libertad de expresión y es precisamente la suya, la de los demás, les trae al pairo. Así funcionan las cosas.

Parece ser que chillar a alguien al entrar en una conferencia y decirle cuatro verdades (al menos tus cuatro verdades) te convierte en un adalid del diablo con los cuernos de la subversión y el extremismo asesino y etarra. Mientras, los mismos a los que chillas, uno, Felipe González, que ha vendido parte de lo que era de todos a las grandes empresas con las grandes privatizaciones que comenzaron durante sus gobiernos y, otro, Juan Luis Cebrián, que con titulares demoledores y editoriales capciosos ha sido capaz de fomentar un “golpe de estado” en el seno de un partido político como el PSOE, son demócratas que no practican violencia alguna y son representantes de nuestro sistema democrático. Pues nada… todo es según del cristal con que se mira. Lo que pasa es que su cristal es opaco y no les deja ver la otra cara de la realidad.

Como siempre, las varas de medir son distintas dependiendo de cada cual. Una medida para ellos, los poderosos, y otra medida para nosotros, los españolitos de a pie. Cuando protestamos, nos indignamos y arremetemos verbalmente contra alguien, se nos llama violentos, pero lo que se les olvida es que hay una violencia, cruel y silenciosa, de la que nadie habla y que el poder establecido está ejerciendo sobre nosotros como un yugo del que nos cuesta mucho trabajo desasirnos, porque cada vez es más pesada la carga. Una carga en forma de recortes, de desigualdad, de corrupción, de paro, esa “violencia legal” de la que algunos son cómplices y de la que no les gusta hablar.

Ellos te quieren callado. Aunque te estén pisando el cuello, aunque te hayan robado la libertad en nombre de la legalidad, aunque te sientas impotente ante las injusticias que día tras día se cometen en este mundo… no chilles, no te indignes, no protestes, guarda el decoro y las formas porque o si no te catalogarán como a un radical, un “outsider” del sistema, un ente del que desconfiar porque no sabes plegarte a las buenas normas de comportamiento que esta sociedad y los poderes fácticos te imponen.

Por eso estos personajes no han puesto el grito en el cielo sobre la ley mordaza. Por eso quieren que siga gobernando Rajoy, porque no quieren y no les interesa que el pueblo hable. El pueblo callado y mientras, ellos, desde sus púlpitos, adoctrinando sobre lo que la gente tiene que decir y pensar. Pues esto sí es fascismo, señor Rubalcaba, y no lo que vimos en la Universidad Autónoma el otro día, un fascismo que ejerce una violencia silenciosa, que es la peor de las violencias, la que sufren los que no se pueden quejar.

El silencio no engrandece, eso es un cuento chino. El silencio coarta, enmudece, desquicia y en muchos casos puede llegar hasta enloquecer. El silencio no es de sabios.

Hay que gritar. Hoy más que nunca.

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