Fascismo New Age

Por Claudio de Prócer @rojo_y_blasfemo


Cuando tanto en América como en Europa asistimos al surgimiento de nuevos fascismos, quizás es hora de plantearnos porqué ello no pasa en España. ¿Verdad?

Oh no. Oh Dios mío. Donald J. Trump es tácitamente y, si todo sale según lo previsto, el próximo presidente de Estados Unidos. Un machista, homófobo, racista, clasista, defraudador, ególatra… en la Casa Blanca, que es lo mismo que decir un fascista. Todavía no sabemos si es un fascista por voluntad o por culpa inconsciente, lo que sí sabemos es que conecta con esa definición histórica, adaptada por supuesto al caso norteamericano. Hace una semana, antes de esas elecciones transcendentales para la historia de la humanidad, alegué en “GodBlessAmerica, o el 8N y el rezo como alternativa” (Nueva Revolución) que Trump era realmente el mal menor en cuanto a política internacional, que es la que nos acaba afectando a nosotros. Eso no quita que sea un déspota potencial para con su propio pueblo.

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Hablemos de las reacciones. Para el lector que haya estado atento a las RRSS, habrá comprobado que la progresía aroundtheworld, sea de la condición que sea, ha llorado el trágico nacimiento del nuevo período americano. Es una catástrofe. Clinton era la izquierda que necesitábamos, patrona de los débiles y los necesitados. Obama, nuestro ídolo y ahora mártir. Hemos llegado demasiado lejos; el fascismo ha avanzado demasiado.

Curioso que muchos de esos comentarios salgan de la Vieja Europa, erosionada en el siglo XX por las putrefactas mareas del corporativismo fascista. Quizás por culpa de esas heridas en nuestra historia reciente, nuestros “queridos” progres se recrean en el pasado; cierto exministro de Interior nostálgico los llamaría guerracivistas. Y quizás, sólo quizás, por esa sumersión en el pasado cercano son incapaces de ver el presente para, como decía Marx, comprender el futuro.

Y el futuro es azul, en su tonalidad “camisa de la Falange”. Sólo hay que mirar Grecia, donde Amanecer Dorado toma fuerza, Austria, donde la extrema derecha estuvo a pocos votos de alzarse en el poder, y Francia, donde Le Pen hace temblar la lucha de clases. Por no hablar del clásico ya fascismo alemán, que ahora se arremolina en torno a Alternativa por Alemania. El fascismo sigue vivo en Occidente, pues es el arma más poderosa de la burguesía para seguir controlando la situación cada vez que las cosas van mal dadas. El fascismo amigos míos, ha vuelto.

¿En toda Europa? No, un pequeño país más allá de los Pirineos resiste ahora y siempre al invasor: España. Por lo visto, la dictadura de Paquito Pantanos nos ha hecho inmunes a cualquier burdo intento de reedición. Democracia Nacional, España 2000, VOX, Falange… entre todos ellos no llenan ni un Mc Donalds tamaño medio. Oh, qué grande la izquierda española que ha sabido capitalizar el descontento de las clases trabajadoras, que se han arremolinado en torno a un partido de vanguardia, o en torno a asambleas de construcción de poder dual, qué más da, y marchan todos juntos para derrocar el capitalismo. No.

La realidad es que la izquierda española sigue estando formada mayoritariamente por clases medias y altas, intelectuales que no han dado un palo al agua en su vida y asambleístas a ultranza que no se pierden una mani. La verdad es que la clase trabajadora sigue ahí, en el tajo, en casa, en la abstención… La clase obrera es aliena a la llamada de la izquierda española desde hace ya décadas, y eso es algo que hay que remediar. ¿Dónde por Dios, está la clase obrera? Necesito un croquis urgente.

Pero luego recuerdo los siete millones de voto al Partido Popular y me encuentro. El fascismo no se encuentra disperso, ahogado y derrotado por una izquierda revolucionaria que atesora los anhelos del currante, sino todo lo contrario; el fascismo se encuentra compacto, vivo, y triunfante. El bloque monolítico del PP es el encargado de congregar a las masas inconscientes de su propia fuerza, dirigidos por una élite gobernante, rica y blanca, y arremolinados en torno a consignas racistas, capitalistas y, sobre todo, simples.El Partido Popular es la razón por la que no surge Amanecer Dorado, Le Pen o Trump, porque el Partido Popular es Amanecer Dorado, Le Pen y Trump todos juntos. Es fascismo de manual.

La modelidad franquista de fascismo no desapareció en la Modélica Transición, sino que como muchos apuntan, se perpetuó en la figura del Partido Popular, el IBEX 35 y la Conferencia Episcopal. El fascismo está gobernando, no sólo desde los mercados sino desde el poder político. Aquí, en España, lejos de las anchas llanuras del Mid West americano, sufrimos cada día lo que les va a tocar a los estadounidenses. Tenemos una valla en el sur, censura, grandes bloques mediáticos que idiotizan al pueblo, policía política y lesión de los derechos laborales y de cualquier índole. Trump es, sin ninguna duda, Presidente Honorífico del Partido Popular. Así que menos humos progresía recién asustada, y más preocuparse por El Estado de las Cosas, como rezaba Kortatu, en casa Porque nos puede dar miedo Trump ahora, pero los próximos cuatro años también hay ración de fascismo para nosotros.

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