El PSOE soy yo

Por Claudio de Prócer @rojo_y_blasfemo | Ilustración de JRMora @JRMora

  • La resaca postgolpista o el triunfo de la gente de bien sobre la muchedumbre ignorante

Han pasado más de tres siglos desde la pronunciación del título de este artículo: El Estado soy yo. Luis XIV, en su divina sabiduría, nos hacía así comprender las bonanzas del absolutismo. Con la lacónica frase, les decía a sus súbditos: “¿Queréis saber qué es Francia? No sois vosotros, plebe, no sois vosotros los que dirigís los ejércitos, recaudáis los impuestos, os codeáis con aristócratas y os enriquecéis a costa de otros. Francia, el Estado de Francia, soy yo, representación absoluta del poder terreno”.

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Puede parecernos horrible, o no, o tibio o que el monarca estaba pasado de rosca. Pero sobre lo que no puede haber duda es sobre el mensaje que buscaba transmitir. Luis XIV quería señalar en tan solo cuatro palabras varios conceptos: Primero, la diferenciación entre él, gobernante ilustrado, y la muchedumbre ignorante: “quita, ya lo hago yo”. Unido a esto, la diferenciación entre él, poseedor de vastas sumas de capital, y el resto del país, obviando cuatro nobles que no llegaban al 1% de la población. Básicamente, la riqueza(normalmente terrateniente), unida al linaje y al apoyo religioso, como puerta de acceso al poder. Tercero, la diferenciación en cuanto a la concentración del poder; el Estado, maquinaria del poder, de la represión y de la conformación de las sociedades por excelencia, era Luis. Luis era “el poder”, todo el poder, el poder absoluto. Y el resto simplemente no era “el poder”. Y finalmente, con el rompecabezas ya montado, tendríamos una vinculación entre la clase aristocrática ilustrada de la época, el capital agrario y el Gobierno. Nos falta un cuarto elemento: el apoyo teórico dedicado a la supervivencia del sistema. Argumentos del estilo “la sociedad se divide en estamentos, unos trabajan, otros pelean, etc.”, “los terratenientes, poseyendo las tierras, son una parte productiva de la sociedad”, “el monarca es la representación terrenal de Dios, contradecirlo a él y a su régimen es ir contra Dios”, y así hasta el infinito.

Quizás ha sido muy pesado. Pero voy a pedir un último esfuerzo, en forma de translación temporal. Sustituyamos Luis XIV, gobernante absoluto sin control alguno por parte de la plebe,  por el Gobierno PPSOEC’s que se avecina, también sin control gracias al régimen de democracia representativa actual. Movamosa los nobles terratenientes, explotadores de siervos, por el IBEX, explotador oligárquico de asalariados. Canjeemos a Hobbes, a Maquiavelo, a los juristas boloñeses, por los voceros del régimen que vemos a todas horas no ya en manuscritos sino en nuestras cajas tontas.

La situación es exactamente la misma. Cambian los personajes, cambian las clases, cambian los medios de propaganda, pero el relato se repite, haciendo que la historia se mueva en espiral. Parece increíble, pero es cierto, la sociedad sigue atascada invariablemente en los mismos puntos clave. Y eso es así porque por mucho que avance “la civilización”, las condiciones económicas, políticas y jurídicas siguen siendo las mismas: la minoría sobre la mayoría, el gobernante por encima del gobernado, meándose en lo que osaron llamar “soberanía popular”, el trabajador coaccionado a aceptar las condiciones de trabajo impuestas por el empresario porque si no no come, igual que el siervo acataba el látigo y el esclavo obedecía a las cadenas que lo ataban. El sistema se reforma, luego vuelve sobre sus pasos, se vuelve a reformar, y así hasta que un meteorito impacte contra la tierra y nos envíe al garete. Porque el poso de podredumbre moral que impregna el sistema es el linaje más antiguo de la humanidad.

Vale, sí, he dicho que iba a hablar de la resaca postgolpista en el PSOE, del alzamiento de Susana Díaz sobre las bases socialistas, del apoyo del PP y C’s, vinculados al IBEX, a ese golpe, y de la connivencia de los medios de desinformación con el mismo. Pero querido lector, las respuestas que buscas sobre este evento tan reciente se encierran en Luis XIV, del 1700. Cualquier otro análisis de la situación sería superficial, carente de fundamentos. Las bases no cuentan porque Susana ha dicho “El PSOE soy yo”, imitando al Rey Sol a nivel partidista, y copiando el modo de hacer de la democracia española durante los últimos cuarenta años.

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