El dolor psíquico del desempleo

Hace algunos días, he estado en contacto con la desesperación de una persona en desempleo. Las amenazas personales y los insultos hacia la organización que intentaba ayudarlo, se fundamentaba en las ofertas de empleo que se le facilitaban por no adaptarse a sus competencias profesionales y su respuesta emocional fue “maltratar” al mensajero. Presiento que era una de las muchas personas que habían sido apartados, por esta estafa de crisis, de manera ilimitada en el tiempo, en las cunetas de la invisibilidad y por lo tanto formando parte de “su solución” dominante.

¿Qué es lo que subyace ante este hecho, que está dejando de ser puntual, para hacernos reflexionar sobre sus causas?. Seguro que en el diagnóstico estaremos de acuerdo, otra cosa será los modelos ideológicos que podemos utilizar para enfrentar las consecuencias del paro y sobre todo a quien interesa su perpetuación.

¿Son suficientes los amortiguadores sociales del desempleo?. A todas luces, nos debe parecer claro que son insuficientes; máxime cuando el propio sistema traslada la imposibilidad de generar empleo para todos aquellos que lo reclaman. Si esto es así, este sistema no puede trasferir la responsabilidad vital de encontrar trabajo y mucho menos diseñar una solución asistencial como solución a su contradicción.

¿Caridad, precedida de una criminalización social o respuestas institucionales que actúen como correctores certeros que atrincheren a la persona desempleada en el espacio de la cohesión social, evitando el malestar psíquico que genera el paro y su más que posible cronificación?. A riesgo de simplificar, la respuesta está entre elegir la que nos sitúa en un modelo neoliberal que reconocemos en la actualidad o en un espacio marcado en la defensa del estado de bien “estar” y del bien “ser”, más reconocible en la socialdemocracia.

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El desempleo no solo es un problema social y económico, lo es, fundamentalmente, de salud pública. ¿Cuanto coste real tiene el dolor psicológico, cuanto de improductividad el malestar del desempleado? Seguro, que haciendo el reduccionismo a coste económico, sale más cara e improductiva la solución asistencial; aunque otra cosa es que esa “solución” favorezca escenarios propicios para los negocios de las farmaceuticas, para la creación de un ejercito de “reserva” y consiguientemente la bajada de costes laborales, para el fomento de una economía sumergida que siempre conlleva un saqueo de lo público o para instalar mecanismos alienantes e inductores del miedo individual y colectivo y la indefensión aprendida.

La otra opción, inclusiva y cohesionadora, explicaría unos resultados más sostenibles y propicios que evitarían costes sanitarios, fomentarían la profesionalización y la calidad en el empleo, potenciaría mayores ingresos en las arcas del estado y en definitiva una mayor redistribución de la riqueza, eliminando los costes sociales del malestar del desempleo. ¿Pero interesa esta opción al sistema?.

Un dato para la reflexión sería el impacto calculado del desempleo sobre la mortalidad en nuestro país entre 1500 y 4000 personas/año y una esperanza de vida que disminuye en un 0,3% por cada tres por ciento de incremento del paro. A no ser que esta consecuencia forme parte como objetivo del “circulo virtuoso” que nos venden.

La desesperación, que no locura, permanente de un porcentaje alto de la población se ha convertido en parte de ese proclamado “círculo virtuoso”, para sustentar, perversamente diseñada y planificada la desigualdad para seguir evitando la necesaria redistribución de la riqueza.

Viñeta de Juan Ramón Mora (@JRMora)

Escrito por Miguel Coque Duran (@CoqueDurande La encina solit(d)aria

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