Diagnóstico: Garrulos emocionales

Por Carmen Sereno

Vale, esto es verídico.

Una pareja se besa apasionadamente en el pasillo que une la línea amarilla del metro de Barcelona con la roja. La cantidad de reacciones que contabilicé en menos de un minuto no me cabe en ambas manos. Reacciones que, dicho sea de paso, oscilaban impunemente entre la burla y la falta de respeto.

Os estaréis preguntando qué tiene de especial que dos personas se coman la boca en público en los tiempos que corren, ¿verdad?

En efecto, habéis acertado: Eran dos tías.

Y sí, tampoco os equivocáis en esto: Estoy indignada.

Porque, vamos a ver. A estas alturas de la película, ya estamos todos demasiado creciditos para rasgarnos las vestiduras con estulticias como esta. El mundo avanza, señores. Cuba y Estados Unidos son amiguis de nuevo, Rajoy ha aprendido a usar Twitter y a separar el plástico de los restos orgánicos, los pantalones de campana han pasado a mejor vida y fumar está perseguido hasta por la GestapoLuego, no entiendo a qué viene tanto alboroto porque dos personas tengan un arranque de pasión. ¿Acaso hay algo más hermoso que la manifestación del amor, independientemente de si los manifestantes tienen polla, tetas, un cuerno multicolor en la frente o herraduras en los pies? Yo tengo bien clara la respuesta, que por algo me considero ciudadana del mundo, pero pareciera como si a toda esa caterva de garrulos emocionales que giraron la cabeza en el metro para emitir algún comentario obsceno u obsequiar a los presentes con una demoledora caída de párpados reprobatoria, el acto de amor en cuestión les hubiera ocasionado un perjuicio irreparable.

¿Dónde carajo está el problema?

Os propongo un interesante ejercicio sociológico. Diseccionémoslo a través de los comentarios garrulos de los que han sido objeto estas mujeres.

Comentario garrulo número 1: ¡Bolleras de mierda, a la hoguera!

Perfil del sujeto enunciador: Varón de entre 18 a 25 años. Perteneciente a la tribu urbana de los canis. Formación académica escasa y empatía cero. Fuerte inclinación a la violencia.

Descripción: Este es el tipo de garrulo emocional al que otros garrulos emocionales, como su hermano mayor, su padre, o incluso su abuelo, le han metido en la cabeza que la homosexualidad es algo así como una patología contagiosa con la que hay que cortar por lo sano. “Lo de ser maricón se cura comiendo yogures”, “Antes muerto a que me salga un hijo maricón”, y otras lindezas por el estilo son la clase de argumentos sólidos que estos especímenes han mamado -con perdón- a lo largo de su corta y vacua existencia como nini.

Diagnóstico: Homofobia.

Tratamiento: Salir del armario para los casos más agudos. Para los más leves, basta con leer y viajar un poco.

Comentario garrulo número 2: ¡Chochoooos! ¡A base de pollazos os curaba yo a vosotras dos!

Perfil del sujeto enunciador: Varón de entre 25 a 40 años. Podría encajar en el patrón de múltiples tribus urbanas. Podría tener formación académica media o superior  y un trabajo bien retribuido. Podría hasta tener un puesto de directivo -aunque entonces no iría en metro, que no estamos en Dinamarca, joder-.

Descripción: Este tipo de garrulo emocional es todo un clásico en la comunidad masculina. Típico onanista pasivo-agresivo y consumidor compulsivo de porno lésbico -o supuestamente lésbico- que en su fuero interno de macho alfa -o supuestamente alfa- se ha tragado la perogrullada que le han contado los productores de cine X de que una tía no puede sentir placer sin una permanente reminiscencia fálica. Sueña con un menage à trois -un trío, para que lo entiendan los ninis-, pero sólo con dos tías -porque hacerlo con otro tío sería muy gayer-, y eso sí, tendrían que ser femeninas y estar muy buenas, porque a  esas que parecen camioneras mostachudas, ni con un palo.

Diagnóstico: Machismo.

Tratamiento: Darse de baja de PornTube con carácter urgente y buscar en Google “Erika Lust + cine erótico feminista”.

Comentario garrulo número 3: ¡Aaarg! Qué puto ascazo.

Perfil del sujeto enunciador: Mujer de entre 20 y 30 años. Estudiante de máster en facultad de prestigio y factura elevada. Adicta al café para llevar de Starbucks, el eye-liner, el chick-lit, las braguitas de Hello Kitty,  y los gadgets de Apple. Toda una chica de su tiempo, vamos.

Descripción: Este tipo de muñequitas de porcelana con pinta de no haberse manchado nunca las manos de semen resulta bastante interesantes como objeto de estudio. Confunden la actitud femenina con la pose femenina, pero están tan convencidas de sí mismas que cuando les preguntas si alguna vez han tenido fantasías eróticas con otra mujer se lo toman como una ofensa. No sé qué opinaría Freud de eso.

Diagnóstico: Represión con tintes machistas.

Tratamiento: Masturbarse pensando en Scarlett Johansson no os hace necesariamente lesbianas, queridas. Os animo a que nos contéis qué tal la experiencia, porque seguro que ya lo habéis hecho, ¿eh, traviesillas?

Comentario garrulo número 4: ¡Inmorales! ¡Se os tendría que caer la cara de vergüenza!

Perfil del sujeto enunciador: Varón de más de 50 años. Jubilado o prejubilado. Vestido como Dios manda, peinado como Dios manda, lector del periódico que Dios manda, votante del partido que Dios manda, asiduo a misa los domingos por la mañana, fiel contertulio del bar de abajo los domingos por la tarde, marcador de esa casilla en la declaración de la renta. También fácilmente reconocible como visitador de obras a tiempo parcial y patada en el culo para médicos de la Seguridad Social.

Descripción: Sin duda alguna, el garrulo emocional más peligroso de todos, porque los anteriores sólo necesitan un poco de cultura para enderezarse, pero a éste ya no se lo pone firme ni metiéndole un palo por el ojete. Por desgracia, es el espécimen que más abunda en nuestro país. El tipo de mojigato beatón de la vieja escuela al que le parece inmoral que se besen dos personas del mismo sexo, doblemente inmoral si encima son mujeres (y no te digo nada si además son políticas, de izquierdas, y por casualidad enseñaron el sujetador en algún momento de su vida), pero no dice nada sobre que la Santa Sede de la mal llamada religión cristiana haya recibido la friolera de 6.000 denuncias por pederastia en una década. Casos aislados, o según las propias palabras de aquel indeseable, “es que los niños van provocando”. Aunque bien podría su Ilustrísima preguntar a los padres de los niños de los Maristas, a ver si ellos opinan lo mismo. Ni por supuesto, este garrulo emocional tampoco dice nada sobre que el arzobispo de Toledo, al que se le debió ir una miaja la mano con la sangre de Cristo aquel domingo, se atreviera a vincular la violencia de género con la “desobedencia” de la mujer en el ámbito doméstico. Pero claro, qué va a decir ni va a decir, si este es de ese tipo de impresentables al que le parece lo más lógico del mundo meter en vereda a ese demonio llamado mujer cuando desobedece. Que sí, que la mujer es mala por definición y puta por naturaleza, oiga. Que cómo no van a salir desviadas las niñas de hoy en día, con esas madres tan guarras que tienen, que ni están en casa, ni son capaces de cocinar, de lavar ni de planchar, que opinan de todo, y encima van por ahí reclamando no sé qué cosa de la igualdad, ¡válgame Dios!, Que esto antes con Franco no pasaba, y me callo ya porque si no me enciendo y ahora con estos inventos modernos de la libertad de expresión no se pué decir .

Diagnóstico: Homofobia, machismo, represión, moralidad.

Tratamiento: No hay tratamiento posible para este tipo de sujeto.

¿Y bien? ¿A qué conclusiones habéis llegado vosotros?

4 thoughts on “Diagnóstico: Garrulos emocionales

  • 14/12/2016 at 3:37 pm
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    Simple y llanamente brillante. Mi hija y su mujer se morirán del gusto de leerte, sin duda… No voy a responderte nada sesudo ni reflexivo, sólo que, si te tuviera delante, te estamparía un beso en todo lo alto. Gracias, de verdad.

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  • 14/12/2016 at 1:07 pm
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    Mi aplauso…!! Me identifico con tu contundente reacción ante las reacciones suscitadas. Y por la descripción de las tribus.
    Caerse del guindo es constatar que cuando creías que había cosas ya superadas… había que volver nuevamente a debatirlas, explicarlas, defenderlas. Un volver a empezar, vamos.
    Así que, como tu, suelo ser altamente beligerante en público ante este tipo de reacciones cavernarias que tan bien has descrito.
    (Como siempre, un gusto leerte.)

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