Derechos | El pinkwashing musical

Por María Sánchez Arias

El pinkwashing, que puede traducirse como lavado de imagen rosa, se define como el uso interesado del feminismo o la lucha LGTBI con fines totalmente ajenos a las reivindicaciones de dichos movimientos sociales. Por ejemplo, acusar a la religión musulmana de machista y homófoba para defender políticas islamófobas o justificar guerras de índole geoestratégico en Irak. El pinkwashing musical, por tanto, consistiría en tachar a determinados géneros musicales procedentes de culturas no-occidentales de que son intrínsecamente misóginos para así reforzar el discurso racista o xenófobo. El género musical que más ha sufrido dicho mecanismo es el reguetón, si bien ello también es motivado por el auge de dicho género musical en diversas esferas sociales y públicas. Las polémicas en las que se ha visto envuelto este género son múltiples y desde muy distintas perspectivas, como ocurrió con Maluma y una de sus canciones más exitosa. Ahora bien, aunque las letras sean machistas ¿un género musical puede ser esencial o intrínsecamente machista? ¿otros géneros, más occidentales o españoles, no lo son?

Sin tener grandes conocimientos musicales, resulta sumamente complicado entender el por qué una tonalidad, una determinada melodía o una serie de compases es esencialmente machista. Quizá, más bien, será que la mayoría de letras que se encuentran dentro del género tienen un contenido misógino o patriarcal. Y que, en consecuencia, será posible crear letras que se alejen de lo convencionalmente establecido, ya sea por la estructura política-económica o por la cultura. Ahora bien, ello puedo ocurrir en cualquier género musical y, desgraciadamente, así es: rap, indie, rock o reguetón. Basta con repasar algunos éxitos de la cultura occidental y nos encontramos con canciones que son una defensa o, al menos, una incitación al feminicidio («Run for your Life» de The Beatles, «Pesadilla en el parque de atracciones» de Los Planetas u «Hoy voy a asesinarte» de Siniestro total). También, canciones que reafirman una idea cuanto menos tóxica de las relaciones de pareja, en su mayoría heterosexuales. Pero, solo es machista o motivo de denuncia cuando este género, aunque el rap tampoco lo sea, no es propio de nuestra cultura o no está amparado por la sociedad occidental.

Una reivindicación que esconde el racismo más recalcitrante no puede ser considerada feminista, puesto que no se está apoyando a todas las mujeres y ni siquiera persigue verdaderamente la justicia y la igualdad

En conclusión, nos encontramos, una vez más, con un uso interesado de una reivindicación que se pretende transversal, el feminismo, y que, ciertamente, tiene poco o nada de feminista. Una reivindicación que esconde el racismo más recalcitrante no puede ser considerada feminista, puesto que, en primer lugar, no se está apoyando a todas las mujeres y en segundo lugar, como ya se señaló, ni siquiera persigue verdaderamente la justicia y la igualdad. Además, antes de dar lecciones desde una atalaya moral completamente falsa, tendríamos que centrarnos en nuestra situación, aquella que conocemos de primera mano y que, también, es machista, misógina y heteronormativa.

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