Derechos | Legalicemos la compraventa de órganos

Por Dori Fernández Hernando

Cualquiera que lea este titular y después vea quién lo suscribe, se dará cuenta rápidamente de que, esta vez, la herramienta es la ironía del absurdo.

Porque igual de absurdo me parece que haya quienes intentan convencer a diestro y siniestro de que la “gestación subrogada” es una técnica de reproducción asistida más y que, como tal, hay que darle espacio legal en nuestro ordenamiento jurídico.

Hace unos días una sentencia del Tribunal Supremo reconocía el derecho a disfrutar del permiso de maternidad a una mujer que había alcanzado el estatus de madre a través de este medio, ya digo, ilegal: el contrato con otra mujer que habría accedido por dinero a quedarse embarazada y vender al fruto de su vientre (en EEUU, claro, el paraíso del neoliberalismo). La sentencia se basa, como no puede ser de otra manera, en atender al manoseado “bien superior del menor”; en esta ocasión, a la no discriminación del menor por causa de su filiación: a no ser atendido por su progenitora igual que el resto de menores con filiaciones legales en nuestro país.

El caso, desde mi punto de vista, no admite objeciones: haya llegado como haya llegado esa criatura al mundo, en nuestro país tendrá garantizados los mismos derechos que las nacidas en el marco legal vigente. Es decir, ese bebé vendido por su madre biológica americana, tiene derecho a ser atendido por su madre no biológica española igual que si lo hubiera parido esta última, ¡por supuesto! Y podrá tener una vida igual en oportunidades de desarrollo y dignidad que la que tienen los niños en nuestro país (que no las niñas, es ya lo sabemos, pero no es el tema de hoy).

Por otro lado, y dejando al margen las razones que existen mirando el asunto desde una perspectiva de género, quiero ahondar en otros aspectos que me surgen reflexionando sobre este tema y que me colocan indefectiblemente en contra de su legalización.

En primer lugar, me pregunto qué impulsará a estas personas a comprar una criatura en lugar de adoptarla. Las personas con las que he compartido mis inquietudes han reaccionado con frases del tipo: “Dori, piensa que está muy difícil el tema de las adopciones, se tarda mucho, hay que pasar un montón de filtros administrativos y después de un montón de tiempo nadie te asegura que den el visto bueno y te concedan la adopción”; “una pareja amiga mía se fueron a adoptar a Rusia, creo que era, y después de casi dos años el país cambió la política sobre adopciones y tuvieron que empezar de nuevo”…

La mayoría de las  respuestas aluden a la dificultad de alcanzar el deseo de ser padres/madres en un tiempo razonable. Pero mi amiga May aportó otro ángulo a la cuestión cuando dijo: “porque quieren que sus hijos tengan sus genes, que se parezcan a ellos”. Y es que aquí entran a saco los valores patriarcales más rancios, esos que necesitan del absoluto convencimiento de la sangre de sus descendientes para asegurar su transcendencia más allá de la muerte, para asegurar la existencia post mortem de una parte de sí mismos; motivo por el cual tienen sentido el tradicional recato y fidelidad femeninos (todo es por algo, no se crean cuentos biologicistas).

Hasta aquí confieso que lo entiendo. Pero la pregunta clave llega una vez aclarado todo esto. ¿Por qué las personas que han llegado al estatus de madre/padre a través de un “vientre de alquiler” luchan con tanto esmero para que este negocio –muy lucrativo por cierto- se legalice en España? ¿Es que piensan acaso comprar a alguna criatura más y quieren ahorrarse el viaje?

Es una pregunta que no se me va de la cabeza, ¿por qué ese empeño, esa lucha sin cuartel que casi se convierte en agresión verbal contra quienes pensamos que “su método” para cumplir sus deseos de paternidad/maternidad no es válido?

El otro día, tras publicar mi opinión en Twitter, un grupito de personas a favor del uso de los “vientres de alquiler” se me echó encima por expresar mi disconformidad ante lo que considero una compraventa en toda regla de órganos con piernas, pies, brazos, manos, cabeza, corazón y demás partes del cuerpo humano.

Porque, ¿se imaginan que fuera legal la venta de órganos? La gente rica no tendría temor a las enfermedades; su esperanza de vida sería mucho más elevada que la de la “gente sin posibles”; los hospitales se convertirían en talleres de corta-pega órganos bien pagados; las personas con menos haberes podrían pagar su hipoteca y evitar un desahucio vendiendo un riñón, un ojo, o un corazón, quién sabe…

Pero retomo la pregunta clave: ¿Por qué las personas que han llegado al estatus de madre/padre a través de un #vientredealquiler luchan con tanto esmero para que este negocio se legalice? ¿Acaso es que no logran conciliar en su conciencia el sano amor que sienten por sus criaturas con el hecho de haberlas conseguido por medios ilegales e inmorales?

Aún desconozco si los tiros van por ahí, pero me temo que los comentarios que levantará este post lo aclararán.

Ah, y no esperen encontrar en el listado de precios por países alguno de los nórdicos, allí tienen claro que lo que se pueden vender son objetos, no personas.

Nota: Para profundizar en el estudio de esta nueva práctica, se recomienda leer el último artículo de investigación publicado por Laura Nuño Gómez, en la Revista Isegoría del CSIC, disponible en la dirección Web: http://isegoria.revistas.csic.es/index.php/isegoria/article/view/961/959

 

2 thoughts on “Derechos | Legalicemos la compraventa de órganos

  • 18/01/2017 at 12:13 pm
    Permalink

    Hola Dori, en mi modesta opinión no hay una cuestión de género aquí. Quienes recurren a la gestación subrogada es gente joven que no ve a la mujer como una sumisa o ciudadana de segunda categoría, y el deseo de respetarla y de que se la respete es máximo. Para mí es un tema de seres humanos, no veo que deba opinarse de manera distinta por razón del sexo.
    Sobre cómo están las adopciones, si tú misma lo intentas, a lo mejor perfilas tu opinión. Si por redes te dicen algo que no te gusta, ten en cuenta que tocas tema muy sensible: los hijos. Se busca una regulación ética en España que no estigmatice a los menores, nacidos dentro de España o fuera de España, y que permita acceder a la familia. E insisto en lo de regulación ética. Por último: son las gestantes las que defienden los modelos comerciales para ayudar a su propia familia, a la vez que a la española. Saludos, Jose

    Reply

Deja un comentario

Uso de cookies

Nueva Revolución utiliza cookies, no podemos evitarlo. Al seguir navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las cookies y la aceptación de nuestra política de cookies ACEPTAR

Aviso de cookies