Derechos | La importancia de las redes de apoyo

Por María José Aguilar Idáñez


“La salud es una manera de vivir autónoma, solidaria y gozosa”

Jordi Gol, 1976

 

Las redes sociales son un poderoso agente de bienestar y salud de las personas, que l@s profesionales debemos saber fortalecer (o generar, si no existen). Tienen una importancia capital en cualquier tipo de proceso tendente al bienestar y el desarrollo humano pleno.

Desde el punto de vista estructural, la caracterización de los sistemas de apoyo social es básicamente de red social. La modalidad en que las personas operan dentro de una comunidad son las redes de comunicación. Este es un concepto y un instrumento sumamente útil para el trabajo comunitario. Cada persona de la comunidad mantiene relaciones de comunicación con otras personas pertenecientes a la misma comunidad, y puede -además- ampliar tanto el número como el tipo de relaciones. Precisamente es esta posibilidad de ampliación y utilización de las redes sociales, lo que constituye -a mi juicio- uno de los núcleos fundamental del trabajo profesional en atención primaria (ya sea en el ámbito de la salud, los servicios sociales, etc.). La principal función de este tipo de intervención profesional es el estímulo y sostén de la autoayuda y la ayuda mutua. La existencia de redes -formales e informales- es lo que protege socialmente a las personas, familias y grupos; evitando o disminuyendo los riesgos de exclusión social y, por ende, el empeoramiento de su estado de salud (entendida en el sentido que aparece al inicio de este post). Es decir, la creación y el fortalecimiento de las diversas redes sociales (y especialmente las de apoyo social) constituye el mejor antídoto preventivo frente a problemas sociales que derivan en marginación, desintegración y exclusión social, falta de salud en definitiva.

De acuerdo a este enfoque operativo, cada persona puede ser equivalente a un punto del cual parten líneas (relaciones de comunicación) hacia otros puntos (persona o personas con las que se relaciona), convirtiéndose en centro de una red. Así, una red social está formada por las series de relaciones que cada persona configura en torno suyo. Cada una de estas relaciones puede tener cualidades muy diversas: distinta frecuencia, distintos contenidos (utilitarios o emocionales), y dependiendo de las mismas se pueden identificar distintos niveles de densidad según el sector de la red de que se trate. De este modo, podemos identificar áreas donde se refuerzan valores o normas, y nuestra intervención en ellas nos puede permitir una mayor capacidad de acción. Cada persona participa en varias redes, pudiendo existir superposiciones e interconexiones entre ellas.

Es importante que l@s profesionales sociales y sanitarios identifiquen las redes de comunicación más importantes de su comunidad, y que sepan en torno a qué personas se producen más intercambios. Esto nos indicaría cuáles son las personas de mayor influencia y a través de las cuáles podemos llegar a otras a las que nos sería difícil llegar nosotros directamente. Saber cuáles son estas redes sociales es algo que podemos ir conociendo a medida que vayamos trabajando con la gente, siempre y cuando tengamos una actitud receptiva y seamos buenos observadores. Algunas redes de apoyo social podemos identificarlas con relativa facilidad si existen grupos de ayuda mutua u otro tipo de asociaciones sociales. Otras, por su carácter más informal puede ser más dificultoso. En cualquier caso, siempre es útil preguntar a las personas que llevan más tiempo en la comunidad y a otros agentes externos que puedan conocerlas con mayor profundidad. Si no somos capaces de identificar esas redes y de introducirnos en ellas (contactando con personas que aparezcan en las zonas de mayor densidad de la red), difícilmente podamos tener una verdadera influencia y estimular los cambios necesarios para la transformación. Por otra parte, el conocimiento de las redes de apoyo social específicamente, nos puede permitir realizar un trabajo de apoyo y refuerzo que complemente acciones de la propia población. Dicho en otras palabras, nuestra acción en estos casos no debe ser sustituir sino apoyar, ayudar y reforzar a aquellas personas y grupos que -como parte de dichas redes- ya cumplen una función social en el seno de la comunidad.

La creación y el fortalecimiento de las diversas redes sociales constituye el mejor antídoto preventivo frente a problemas sociales que derivan en marginación, desintegración y exclusión social

El trabajo en atención primaria, de salud y de servicios sociales, enfrenta un gran reto si quiere potenciarse y desarrollar el rol que puede llegar a jugar, y si quiere demostrar su importancia y significación en la sociedad contemporánea: la acción de grupo será la clave en el futuro y de su potenciación dependerá que en el futuro nuestro actual sistema sanitario tenga una orientación comunitaria para cuidar la salud de las personas. Sólo si somos capaces como profesionales de lograr que la gente se ayude a sí misma -y esto sólo puede hacerse a través del grupo y el apoyo social que éste genera-, actuando como catalizadores del proceso, estimulando y asesorando, nunca sustituyendo la acción de las propias personas, haremos que el trabajo comunitario en salud tenga sentido. No podemos conformamos con ser meros proveedores o intermediarios de servicios y prestaciones sanitarias, la atención primaria no va de eso.

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