Derechos humanos, biología y autobús transfóbico

Por Rafael Silva Martínez

“Los de HazteOir seguro que tienen pene y vagina, lo que no tienen es cerebro ni corazón”
(Pablo Iglesias)

Todavía perdurará la polémica durante un tiempo, porque la gente de la organización denominada HazteOir, declarada de “Utilidad Pública” por el Gobierno del PP, piensa continuar escupiendo sus vomitivos mensajes en sus ridículos autobuses durante largo tiempo, o al menos esa es la intención que han expresado públicamente. Preguntado sobre el mensaje en cuestión del susodicho autobús, el Presidente de dicha asociación, Ignacio Arsuaga, respondía que “El mensaje no es un mensaje de odio, sino lo que nos enseña la biología”. No sé qué biología le enseñaron a este personaje, pero está claro que se la enseñaron, al menos, incompleta. No pasaron con él de la primera lección. Porque el señor Arsuaga, con dicho argumento, demuestra ser un perfecto ignorante, él que tanto apela a la “ideología de género”, para ocultar su ideología religiosa, fundamentalista y delictiva. En esta última palabra está el meollo de la cuestión, pues todos los análisis se han centrado (y deben centrarse, pues de lo contrario no sería más que un debate sobre la libertad de expresión, mal entendido y enfocado así por la derecha) en si el trasfondo del mensaje impreso en el vehículo es o no un delito contra los derechos humanos fundamentales.

Al señor Arsuaga habría que responderle, en primer lugar, en cuanto a su ignorancia, con la respuesta que dio una chica transexual anónima de 12 años entrevistada para un reportaje de televisión sobre el asunto, demostrando con su respuesta más sabiduría que estos descerebrados de HazteOir: “Hay hombres que tienen vulva, y mujeres que tienen pene”. Repitámoslo alto y claro, y hagámonos oir por lo menos tanto o más que los de HazteOir: El sexo no está en los genitales, está en la cabeza, en nuestra mente, en nuestros sentimientos, en nuestra identidad sexual, y en nuestro corazón. Ahí está el sexo. Para practicar sexo no solo hay que estar provisto de unos genitales, también hay que estar provisto de una mente proclive a amar, o simplemente a disfrutar de uno de los mejores placeres de la vida. Y una vez aclarada la cuestión “biológica”, vayamos a la cuestión fundamental, que no es otra que la cuestión del respeto a los Derechos Humanos. Estamos viviendo últimamente una serie de hechos que están tirando por la borda tantos años de solemnes declaraciones, tratados y convenios sobre derechos humanos, que no sólo no se respetan, sino que se vapulean y desprecian con sorna. Ocurre en cada discurso que escupe el más descerebrado Presidente de los Estados Unidos, como es Donald Trump, llamando a la construcción de muros, y a las soflamas machistas, homófobas, xenófobas y supremacistas que realiza en cada intervención. Acaba de ocurrir en el Parlamento Europeo, donde otro eurodiputado guardián de las más altas esencias de la ultraderecha polaca, vomitaba ataques absolutamente intolerables hacia las mujeres, justificando que sus sueldos deberían ser menores a los de los hombres, basándose en que las mujeres, según este despreciable personaje, son “más débiles, más pequeñas, y menos inteligentes”.

La ley madrileña contra la LGTBIfobia contempla sanciones entre 3.000 y 20.000 euros para los actos que impliquen “aislamiento, rechazo o menosprecio público y notorio de personas por causa de su orientación sexual o identidad y expresión de género”

Pero lo más grave de todo esto es que todo lo que estamos contando, todos estos flagrantes ataques contra los derechos humanos más elementales, están quedando, en pleno siglo XXI, en la más absoluta impunidad. Al paso que vamos, cualquier descerebrado va a poner una pancarta en la Puerta del Sol diciendo que habría que asesinar a todos los discapacitados, y aquí no va a pasar absolutamente nada. Nuestra sociedad no sólo está descafeinando el concepto de democracia, vaciándolo de todo contenido y significación, sino que está vaciando también el contenido de las propias declaraciones sobre los Derechos Humanos, que son hoy día auténtico papel mojado. Se violan constantemente, y no sólo por individuos a nivel particular, sino por todo tipo de organizaciones, parlamentos y gobiernos. Y aquí no ocurre nada. Hemos llegado a un punto de miseria cultural, social e intelectual, que sólo nos importa nuestra mera supervivencia, aunque se caiga el mundo detrás de nosotros. La involución y decadencia de nuestras sociedades es palmaria. Nos recalcan que hay que respetar las leyes, cuando los mismos que nos lo dicen son los primeros en saltarse a la torera todos los tratados y convenios del más alto nivel, que salvaguardan los derechos más elementales. ¿No hay que cumplir las leyes? Cumplámoslas entonces. Sin ir más lejos, la ley madrileña contra la LGTBIfobia contempla sanciones entre 3.000 y 20.000 euros para los actos que impliquen “aislamiento, rechazo o menosprecio público y notorio de personas por causa de su orientación sexual o identidad y expresión de género”, además de la posibilidad de prohibir el acceso a ayudas públicas de la Comunidad de Madrid o de contratar con la Administración.

Pero no, parece que únicamente se rasgan las vestiduras cuando lo que está según ellos siendo atacado son “los sentimientos religiosos”, como en el caso de la Gala Drag Queen del carnaval canario. La campaña de HazteOir es una campaña que denigra, que ataca los valores democráticos, de respeto a la ciudadanía y de civismo, que fomenta el odio y la intolerancia, que genera un mensaje falaz, y que instrumentaliza y ataca lo que ellos denominan la “ideología de género” y el “lobby homosexual”. Es una campaña indignante, impresentable, contraria a la dignidad y a los derechos fundamentales de los menores transexuales, a los que se condena, como en los tiempos del franquismo, al silencio y al desprecio. No podemos consentirlo. Es una campaña violenta y ofensiva, que no debe ser tolerada bajo una sociedad democrática que se precie de serlo. La respuesta del colectivo LGTBI ha sido clara en este sentido, y a ella nos remitimos: “La campaña tiene como pretendida finalidad la invisibilidad de las personas transexuales y transgénero, rechazando de plano su existencia, y difundiendo un mensaje de menosprecio, humillación y pretendida ocultación, sin otro menester que el de aislarlas del resto de la sociedad”. Es una campaña que fomenta la estigmatización del colectivo de los menores transexuales, que ya de por sí ha de sufrir grandes niveles de discriminación, violencia e incomprensión. Según recoge y detalle un Informe europeo sobre derechos del colectivo, elaborado en 2012, un 62% de los transexuales europeos han sufrido algún tipo de acoso, y el 54% se ha sentido discriminado.

Bien, nos falta por responder, para que todo cuadre en su sitio, una pregunta final: ¿Quiénes son HazteOir? ¿Qué tipo de gente hay detrás de esta indecente organización? Nacieron en 2001 para la defensa del ex Presidente Jose María Aznar (para el cual solicitan en una petición popular que funde un nuevo partido, lo cual ya dice mucho sobre ellos y su ideología), son simpatizantes de VOX (situado más a la derecha que el PP), han organizado las diversas campañas y manifestaciones de oposición al PP en torno al aborto y por el “derecho a la vida”, y tuvieron en su diana al Gobierno del ex Presidente Zapatero por todos estos asuntos. Como nos informa Jesús Bastante en este artículo para eldiario.es, llegaron a tener a Rouco Varela como su protector (y a toda la pléyade de la alta jerarquía católica más reaccionaria), pero hoy día han perdido prácticamente el apoyo de la Iglesia Católica, y se sospecha que tras ellos también se sitúa la sociedad secreta El Yunque, una poderosa secta que intenta intervenir en las decisiones de los poderes públicos desde una perspectiva ultrarreligiosa y conservadora. En una palabra, HazteOir viene a ser la plataforma del conservadurismo más radical que tenemos actualmente en nuestra sociedad. Se han manifestado contra los matrimonios igualitarios, contra el aborto, contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y en defensa de lo que ellos llaman “la familia tradicional”. Están en contra de todos los avances en la igualdad y en democracia, y a favor de quedarnos anclados en todos los absurdos e injustos postulados del tardofranquismo. Como indica Jesús Bastante, son como la versión española del Tea Party norteamericano, y tienen lazos de conexión con el resto de foros ultraconservadores de nuestro país: la CONCAPA, el Opus Dei, el Foro por la Familia, o Derecho a Vivir.

Entre sus más destacadas actividades, HazteOir ha organizado el envío de más de 16.000 folletos a los colegios concertados con mensajes homófobos y en rebeldía a lo que ellos denominan “ideología de género”, han cargado contra una serie de televisión porque mostraba una boda entre dos mujeres, o han organizado conferencias que ilustraban cómo “sanar” la homosexualidad. ¿Qué nos podemos esperar con tan impresionante currículum? ¿De qué no serán capaces una gentuza con estas credenciales? Insisto: no se trata de permitir opiniones y de respetar la libertad de expresión, se trata de no dejar impunes los delitos, y más cuando se refieren a la vulneración de los derechos humanos. Toda sociedad justa, avanzada y democrática no puede permitir que estos derechos fundamentales sean constantemente pisoteados, ignorados y violados flagrantemente, y nos estamos relajando demasiado en estas cuestiones. Así nos va. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Vamos a atacar a los pobres sin techo? ¿Vamos a dejar que se criminalice a los parados, a los desahuciados, a los pensionistas? ¿Vamos a legitimar que las personas puedan morir de hambre o de frío? ¿Vamos a cargar, como están haciendo los norteamericanos, contra las “razas inferiores”? ¿Construimos muros más altos y con más vallas en Ceuta y Melilla? ¿Y todo ello abanderándonos en la libertad de expresión? El reconocimiento de los Derechos Humanos fundamentales, que luego se han ampliado mediante declaraciones sobre derechos emergentes, ha sido quizá el paso más gigante que la Humanidad ha dado en su progreso, pero si no los hacemos respetar, la involución será imparable.

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