Derechos | Histeria ¿femenina?: El siglo XXI, cómicos y memes

Por María Sánchez Arias

El término «histeria» proviene de la raíz griega hystear (ὑστέρα), es decir, matriz o útero; término que ya se atestigua en textos de Platón y que viene a significar enfermedad del útero caliente.  Charcot, coetáneo de Freud, definía a las mujeres histéricas como «pobres desgraciadas sacadas de los considerados servicios de incurables». Freud, conocido por el descubrimiento del psicoanálisis, dedicó varias obras a la histeria femenina y a sus posibles causas. De hecho, al contrario de lo que se pueda pensar debido a sus tesis e investigaciones misóginas y falocéntricas, fue uno de los primeros en determinar que la histeria no tenía género. El DSM-V (Manual de diagnóstico de salud mental) desplaza definitivamente el concepto de «histeria» y lo aúna en diferentes trastornos de la personalidad, trastorno de conversión y, en menor medida, otros trastornos por somatización. La histeria es definida por la RAE en su primera acepción como «enfermedad nerviosa, crónica, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas, principalmente funcionales, y a veces por ataques convulsivos».  Esta definición se ha convertido en una palabra propia del léxico ajeno a la jerga médica o lo que es lo mismo del léxico común o cotidiano. Así, también, lo refleja la RAE en su segunda acepción: «estado pasajero de excitación nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala». Centrémonos, pues, en este nuestro siglo y su léxico tan misógino.

Tras las consideraciones anteriores, cabría hablar de lo que es una «histérica» para el sistema heteropatriarcal. De manera gradual, como si de una crisis psicótica se tratará, la histérica comienza siendo una «exagerada», si no se rectifica la exageración se torna en histeria. Esto es, si no se asumen las indicaciones, consejos o se cuestionan los argumentos o actitudes del que oprime seremos acusadas de no estar en nuestros cabales, ya sea porque estemos menstruando, seamos malfolladas o simplemente histéricas. Ello se debe a que el hombre o la persona que está en la posición del poder ve su posición, su privilegio cuestionado y, por ende, reacciona de una manera violenta. Del mismo modo, la mujer ha de permanecer calmada, tranquila y sin manifestar sus opiniones o su desagrado. En otras palabras, siempre sumisa y nunca discordante. De hecho, lo que es motivo de alabanza en el hombre, una personalidad “fuerte” e incluso temperamental, es negativo en una mujer. Todo ello, como es obvio, se relaciona con el concepto tratado, pues lo que se intenta es castigar, obligar a esa mujer a borrarse del espacio de poder y no cuestionar la relación de poder establecida durante siglos. No obstante, no negamos una posible patología psiquiátrica en determinadas ocasiones, pero esta no afecta solo a las mujeres y, desde luego, que no es intrínseca o esencial del género femenino.

El problema no somos nosotras, el problema es el miedo a perder vuestros privilegios en pos de la tan temida igualdad.

¿Qué tiene todo esto que ver con los cómicos y los memes? Simple y llanamente porque hay ciertos humoristas que se empeñan en tildarnos de exageradas o histéricas por no haber sido violadas o maltratadas y, aun así, atrevernos a señalar las violencias simbólicas, los mal acuñados micromachismos o, en resumidas cuentas, el sistema heteropatriarcal. No hace falta demostrar la existencia de dicha estructura ni siquiera desmentir algunos de los tópicos que se arguyen para intentar deslegitimar el movimiento feminista. Mucho menos cabe hablar del humor y su posible repercusión social o política. Pero, sí es necesario evidenciar que constantemente somos señaladas y acusadas, y que casi nunca hay una rectificación. Más bien, todo lo contrario. Señores, cómicos, creadores de memes o twitteros, el problema no es que nos quejemos, el problema es que no sois capaces de comprender el problema y desde la absoluta ignorancia o el desconocimiento pretendéis sentar cátedra. El problema no somos nosotras, el problema es el miedo a perder vuestros privilegios en pos de la tan temida igualdad.

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