Derechos | Cuerpo, mujer y género

Por María Sánchez Arias

Desde antiguo la cuestión del cuerpo y su relación con la mente-alma ha sido estudiado de manera directa o indirecta por muy diversos autores. Ya los presocráticos establecieron un cierto dualismo, como el caso de los pitagóricos o Heráclito. También, hubo presocráticos que optaron por un monismo materialista, aunque no muy firme, como en el caso de Demócrito; no muy claro, puesto que algunos de sus seguidores, como Epicuro le da mayor importancia a los placeres del alma que a los del cuerpo estableciendo inconscientemente una división entre ambas partes. Pero, el pensador más importante del mundo heleno al respecto de este tema haya sido Platón por su influencia en el cristianismo. Para Platón y, en cierta manera, para muchos de los teólogos posteriores: el cuerpo es una cárcel y por ello el alma tiende a intentar deshacerse de esa molestia. Su discípulo, Aristóteles, desde una óptica más materialista, defenderá la unidad valiéndose de la analogía que establece entre “alma” y “cuerpo” , y “materia” y “forma”. Si bien, desde el auge del conductismo y diversas teorías de corte materialista-monista, como puede ser el marxismo, han ido desplazando este dualismo. Ahora bien, en este dualismo y por el tema que se ha de tratar lo que importa es el cuerpo y su relación con el entorno.

El cuerpo es muchas ocasiones, como ya señalamos ha sido considerado de manera negativa. No obstante, con el auge del sistema capitalista durante el S.XX y, por ende, de la sociedad posmoderna, se ha tendido a la individualización del mismo. Individualización que implica, a su vez, una suerte de modificaciones para poder así diferenciarse del resto, crear un espacio único que sea límite entre la comunidad y el “yo”[1]. Esta forma de entender la corporeidad solo es posible en una sociedad como la nuestra, occidental y tendente al culto individual. Como ejemplo contrario, podemos encontrar el recogido por Maurice Leenhardt; los canacos consideran al cuerpo como una parte más del medio natural y, por ende, la muerte no es fin, es el reencuentro con la tierra, una fusión. Ahora bien, si tenemos en cuenta el concepto de biopolítica foucaultiano, la ecuación se complica, puesto que el cuerpo es convertido en el centro y víctima de la normalización a la que el poder nos somete. Esta normalización e intervención es llevada a término por las instituciones sociales y políticas: la escuela, la universidad, la cárcel, etc [2]. En cambio, este no es el único factor que se ha de tener en cuenta, ya que la sociedad occidental no es solo capitalista; también es patriarcal y cis-sexista. Ello implica que solo se asumen dos géneros: hombre cis-sexual y mujer cis-sexual siendo la segunda, la otredad, es decir, la mujer es lo otro, aquello que ha de ser subordinado a la parte positiva de la división. El resto de géneros no tienen, siquiera la posibilidad de existir, puesto que la norma social no permite excepciones. Todo esto nos lleva a, quizá, la pregunta más importante ¿Qué es el género y qué relación tiene con el cuerpo? Para resolver la pregunta primero se ha de tener en cuenta que el género y el sexo son dos cosas muy distintas y, obviamente, no estamos partiendo de un presupuesto biologicista y esencialista, como la mayoría de ensayos que tienen como base una visión misógina, como por ejemplo la del famoso filósofo Schopenhauer:

«Es sólo un hombre cuyo intelecto está nublado por su impulso sexual que podría dar el nombre al sexo débil a aquellas de talla menor, raza de hombros estrechos, caderas anchas y piernas cortas; toda la belleza del sexo está ligada a este impulso. En lugar de llamarlas hermosas sería más justo describir a las mujeres como el sexo antiestético»[3]

El sexo es pura biología mientras que el género es lo social, un constructo. En otras palabras, el sexo es la naturaleza en tanto en cuanto contingencia y necesidad del mismo para poder ser como ente con realidad ontológica y el género es la cultura, la serie de condicionamientos sociales que nos es imbuido durante todo nuestro proceso de socialización. No obstante, antes de continuar, sería necesario mencionar el concepto de performatividad asociado al género[4]. Según esta teoría que nace en el seno de los estudios queer se establece que el género no es estable, sino que necesita de un continuo hacerse, es decir, para ser mujer, al menos, lo que se requiere de ella tradicionalmente, es necesario que esta realice diariamente una serie de actos que hagan que pueda ser identificada como tal: vestir, andar, hablar, la gestualidad, en definitiva, modificar el cuerpo y su forma de expresarse.

Para Platón y, en cierta manera, para muchos de los teólogos posteriores: el cuerpo es una cárcel y por ello el alma tiende a intentar deshacerse de esa molestia.

En la sociedad occidental, el cuerpo asociado tradicionalmente a la mujer se ve sometido a dos fuerzas, que puede ser consideradas contrapuestas. Por un lado, este cuerpo es intervenido por los poderes patriarcales mediante prohibiciones como el aborto, el body-monotoring[5]o, en el caso más extremo, lo que se conoce como violaciones correctivas. Pero, en el otro, la mujer necesita de su cuerpo para poder ser en el mundo y delimitar su espacio, sus límites, su individualidad. En  relación con ambas fuerzas se ha de señalar la importancia del placer, que ha sido negado durante siglos a la mujer, como el caso de aquellas que no han tenido un orgasmo o una relación satisfactoria en toda su vida sexual, ya sea con su marido, amante, novio o relaciones puntuales[6].

 

[1] Le Bretón, D., Antropología del cuerpo y Modernidad, Tr. de Paula Mahler,Ediciones Nueva Visión Buenos Aires (2002)

[2] Foucault, M., Vigilar y Castigar: nacimiento de la prisión, Siglo XXI editores (México, 1999)

[3] Durant, Will (1983). The Story of Philosophy. New York, N.Y.: Simon and Schuster. p. 257

[4] Judith, B., El género en disputa, tr. de Mª Antonia Muñoz, Paidós Studios, (Barcelona, 2007)

[5] “ Y no sólo tenemos esas preocupaciones, la mujer promedio se monitorea a sí misma cada 30 segundos. Eso representa muchísimo control a lo largo del día -y sin hablar del tiempo que significará este hábito para nuestra vida-¿Puedes imaginar cuánto tiempo libre tendríamos si no tuviéramos que estar constantemente preocupadas por cómo luce nuestro peinado, o nuestra camisa, o nuestro maquillaje?” en https://www.vozpartisana.info/2016/11/me-veo-bien-body-monitoring/ [Consultado el 8/05/2017]

[6] Torres, Diana J, Coño potens: manual sobre su poder, su próstata y sus fluidos, Txalaparta (2015)

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