Nuestro derecho al Cannabis

Por Daniel Seijo

Uruguay, Holanda, México, Brasil, Puerto Rico, Israel, Jamaica, Portugal, Croacia, República Checa, Canadá, Irlanda, Corea del Norte, Dinamarca e incluso numerosos estados de Estados Unidos. El cannabis la droga ilegal más consumida del mundo, comienza a abrirse paso en numerosos países que cuentan ya o planean incorporar a su legislación alguna forma legal de consentimiento para su producción o consumo.

El debate sobre la legalización se encuentra entre las grandes asignaturas globales pendientes desde hace décadas. Resulta sorprendente comprobar como en un sistema en donde los valores del individualismo y el consumo son exaltados por encima de cualquier otra idiosincrasia, la política prohibicionista llevada a cabo por los estados ha logrado imponerse culturalmente sin que haya existido a penas un debate público serio sobre sus posibles consecuencias. En la actualidad la práctica totalidad de los estados poseen algún tipo de legislación que restringe el cultivo, consumo o comercialización del cannabis, pero han sido pocos los gobiernos que han optado por encontrar una alternativa legal capaz de superar los efectos negativos producto del prohibicionismo y menos aún, los que han encarado un debate social que de voz a la ciudadanía que supondría la auténtica respuesta sobre el derecho a las drogas.

El cannabis está catalogado por la Drug Enforcement Administration estadounidense con la Clasificación I, considerada como una droga peligrosa sin ningún beneficio médico válido, lo mismo que la heroína, LSD y PCP. Una medida drástica tomada a pesar de que a lo largo del tiempo, numerosos de los estudios científicos y sociológicos en los que se respaldan los organismos prohibicionistas para tomar una medida tan radical como la ilegalización, han sido en numerosas ocasiones refutados por investigaciones con mucho menor apoyo económico e institucional. En la actualidad la política prohibicionista para las drogas, permanece vigente en nuestra sociedad, sustentada primordialmente en conceptos tan alejados del debate racional como la moralidad o el paternalismo, una cruzada global contra las drogas que ha pasado a convertirse en una de las mayores imposiciones morales de nuestro tiempo.

La expansión de la conciencia y al uso recreativo del cannabis supone sin duda un reto para una sociedad apenas acostumbrada al libre consumo de drogas

El cannabis resulta de lejos la droga más cultivada, traficada y consumida ilícitamente en nuestro planeta con cerca de 147 millones de consumidores anuales (el 2,5% de la población mundial) que fruto de la ilegalización se encuentran ante un contexto de total desinformación en donde la táctica del miedo y la persecución policial ha proscrito la producción y el consumo del cannabis al mercado negro. El cáñamo, una de las sustancias más utilizadas en la farmacopea tradicional desde la Edad Media hasta el siglo XX, se ve así sometido a una cruzada política y legal que si bien nunca ha conseguido el objetivo de disminuir el número de consumidores, sí ha provocado un efecto perverso cuando se trata del uso de drogas, el de la total ignorancia sobre los posibles efectos del cannabis y la total dependencia del mercado negro para abastecerse.

Mientras continua la pasividad ante la persecución a una sustancia que al contrario que el alcohol, la comida basura o el tabaco, nunca ha registrado casos de muertes directamente achacadas a su consumo. El uso medicinal del cannabis, que se rememora miles de años atrás a través de numerosas culturas, continua en nuestro siglo vedado a la investigación impidiendo el desarrollo de proyectos encaminados a paliar síntomas como las náuseas y vómitos producidos por la quimioterapia, el dolor y la espasticidad muscular en personas con VIH/SIDA o el dolor crónico. Si bien la moralidad ha jugado un papel primordial en la ilegalización del cannabis, algo ilógico pero asumido cuando se trata de su uso lúdico, cuando de lo que se trata es de permitir su uso medicinal para intentar paliar las dolencias de numerosos pacientes, el razonamiento científico debe sin duda suponer el espejo en donde se mire la legislación en cualquier sociedad, en donde la santa inquisición hace tiempo que haya desaparecido.

La expansión de la conciencia y al uso recreativo del cannabis supone sin duda un reto para una sociedad apenas acostumbrada al libre consumo de drogas, pero décadas después, el fracaso de las políticas prohibicionistas ponen de manifiesto la necesidad de un debate en donde la sociedad pueda decidir finalmente acerca de su derecho legal al consumo del cannabis. La legalización supondría para nuestra sociedad el más primigenio desafío de la pachamama al reino de las recetas químicas y el control absoluto de la conciencia por parte de las farmacéuticas.

El cannabis está catalogado por la Drug Enforcement Administration estadounidense con la Clasificación I, considerada como una droga peligrosa

“La sustancia no prohibida está regulada, como es el caso del alcohol etílico. Ahora bien, cuando se prohíbe, se generan casos como el periodo de la ley seca en Estados Unidos, que provocó que se distribuyese alcohol metílico, causante de miles de muertes y casos de ceguera. La diferencia no estriba en que una sustancia sea o no asequible. Una sustancia prohibida como la marihuana o el hachís nunca deja de ser asequible para la masa de consumidores.”

Antonio Escohotado

 

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