Cultura | A vueltas con el concepto de Revolución

Por Eduardo Montagut

La revolución es una transformación profunda que supone la ruptura con una situación anterior en un plazo de tiempo, en principio, breve, aunque este aspecto sería discutible, como veremos. Estamos hablando de un concepto lleno de facetas, matices e interpretaciones.

El concepto de revolución comenzó a aplicarse con el mismo sentido que tenía en la ciencia astronómica al hablar de la revolución de los planetas, es decir, como sinónimo de ciclo. En cierta medida, este significado fue aplicado a las Revoluciones inglesas del siglo XVII, ya que fueron consideradas en su momento como un retorno a una época anterior al intento de imponer el absolutismo por parte de los Estuardo.

El concepto historiográfico de revolución nació, realmente, en el siglo XIX, precisamente en la época de las revoluciones liberales-burguesas. Los cambios que trajeron esas revoluciones frente a la situación anterior del Antiguo Régimen -sociedad estamental, economía preindustrial y monarquía absoluta- hicieron que los historiadores de dicho siglo se pusieran a reflexionar sobre el concepto, abandonando el significado que tenía en la ciencia, para insistir en el de cambio rápido, en línea con la idea de progreso. Y estas consideraciones hicieron fortuna porque durante todo el siglo XX las historiografías de distinto signo hicieron de la revolución uno de los grandes temas de estudio, siendo la Revolución Francesa la más analizada y estudiada, seguida de la Revolución Rusa, posteriormente.

En la actualidad, la cuestión sigue siendo especialmente analizada, pero se tiende a considerar que las revoluciones son procesos de cambio en un plazo temporal más o menos amplio, como podemos comprobar al hablar de la Revolución Neolítica, por ejemplo, un proceso larguísimo que supuso un cambio fundamental en la vida de los hombres al comenzar a domesticar la naturaleza a través de la agricultura y la ganadería. Tenemos que tener en cuenta, además, que el concepto se puede aplicar a ámbitos no estrictamente políticos y sociales, sino también económicos, como la Revolución Industrial o la Revolución de los Precios en el siglo XVI; demográficos, como la Revolución Demográfica, aunque algunos historiadores prefieren hablar de Transición Demográfica; y hasta culturales, como la Revolución Científica del siglo XVII.

Así pues, el fenómeno de las revoluciones debe ser analizado desde todos los puntos de vista, comprobando su complejidad, sus antecedentes y causas en todos los campos, las transformaciones que producen y otro aspecto muy importante, las resistencias a los cambios, como se pone de manifiesto en el caso del Antiguo Régimen en parte de Europa, algunas de cuyas características permanecieron, en gran medida, durante todo el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, a pesar de las revoluciones liberales-burguesas.

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