Cultura | Vera Figner: Rusia en las tinieblas

Por Carlos César Álvarez

La editorial Antipersona ha reeditado el libro “Rusia en las tinieblas. Autobiografía de una nihilista”, del que es autora la revolucionaria rusa Vera Figner (1852-1942). Entre otras actividades, Figner lideró el partido clandestino Narodnaya Volia (La voluntad del pueblo) que organizó el atentado que costó la vida al zar Alejandro II.

Como muchos revolucionarios de su época, Vera Figner procedía de una familia noble. Estudió medicina en la Universidad de Kazan y más tarde en Zurich, ciudad suiza en la que entró en contacto con el socialismo y las ideas anarquistas de Bakunin. A su regreso a Rusia en 1875 y, tras divorciarse de un abogado con el que se había casado cinco años antes, se incorporó a la organización Zemlya i Volia (Tierra y libertad). La detención y deportación a Siberia de su hermana Lydia, igualmente activista, fue decisiva en su posicionamiento político.

Zemlya i Volia era un grupo clandestino que asumía los objetivos de los naródniki (populistas). Exigían la disolución del imperio ruso y el reparto de las tierras a los campesinos, que habrían de organizarse en comunas autogestionadas. Sus miembros pertenecían a las clases media y alta y se proponían propagar su mensaje en las aldeas, ya que veían al campesinado como la fuerza revolucionaria principal.

Vera se estableció junto a otra de sus hermanas, Eugenia, en Saratov, donde ejerció de cirujana. Su idea era ayudar a los campesinos y al tiempo inculcarles los ideales revolucionarios, pero las terribles condiciones de vida que presenció, mucho peores de las que ella imaginaba, le llevaron a radicalizar su postura política. La incultura de la población rural la hacía incapaz de comprender su mensaje y, por tanto, de reivindicar los más elementales derechos. Las Figner se dedicaron a intentar elevar el nivel cultural de los campesinos. Eugenia fundó una escuela, ya que no había ninguna para una población de treinta mil personas. Pero estas actividades eran vistas como peligrosas por el gobierno y pronto empezaron a recibir amenazas, tanto ellas como los campesinos. Finalmente Vera y Eugenia tuvieron que abandonar la región ante la posibilidad real de ser arrestadas.

En 1879 Zemlya i Volia se escindió en dos grupos. Por una parte estaban los “propagandistas” o “didácticos”, que consideraban que su principal tarea era la de educar al pueblo; por otra, los “insurrectos”, partidarios de la lucha armada. Estos últimos, con Vera Figner a la cabeza, crearon Narodnaya Volia y se fijaron como objetivo la eliminación física del zar.

Podría calificarse a Alejandro II como un monarca aperturista. Llevó a cabo reformas destinadas a satisfacer las inclinaciones liberales de una parte de la nobleza, pero sin menoscabo del régimen autocrático que él encabezaba. Su reforma más ambiciosa fue la emancipación de los siervos de la gleba (1861) que otorgó derechos a los campesinos, incluido el de convertirse en propietarios de las tierras. Sin embargo, dada la estructura social del país, este proceso fue más teórico que real y los campesinos no lograron salir de su penuria.

Narodnaya Volia atentó contra Alejandro II en numerosas ocasiones, escapando el zar milagrosamente ileso. Tres veces le dispararon pistoleros solitarios, otras tres trataron de hacer saltar por los aires su tren y en otra ocasión volaron el comedor del Palacio de Invierno. Todas resultaron fallidas. La definitiva se produjo en las calles de San Petersburgo cuando el monarca regresaba de pasar revista a sus tropas. Los nihilistas tiraron una bomba al paso de su carruaje, que quedó inutilizado, y cuando el zar se bajó, le arrojaron otro explosivo directamente a su cuerpo. Tras la muerte de Alejandro II se recrudeció la represión y la mayor parte de los miembros de Narodnaya Volia fueron detenidos, cinco de ellos ejecutados en la horca y otros enviados a pudrirse a un penal siberiano.

Vera Figner pudo escapar y prosiguió su activismo. En 1882 organizó un atentado en Odessa contra un fiscal militar. El cerco policial se estrechó en torno a ella y el 10 de febrero de 1883 fue arrestada. Juzgada y condenada a morir en la horca, renunció a pedir el indulto, pero la pena fue conmutada por cadena perpetua. Los siguientes veinte años los pasó encarcelada en la fortaleza de Schlüsselburg.

En su autobiografía Figner narra la vida en prisión con una inesperada frialdad, sin dramatizar lo que debieron ser unas condiciones de vida terribles. Su mayor preocupación era que le dejaran tener libros e incluso llegó a declararse en huelga de hambre cuando en una inspección retiraron de la biblioteca varios volúmenes de contenido político. Su actitud siempre reivindicativa sirvió para mejorar la calidad de vida de los reclusos. Salió de su confinamiento en 1904, con 52 años, para reencontrar a sus hermanos a los que apenas pudo reconocer. En este punto termina su autobiografía. Después siguió con su activismo antizarista y participó en la Revolución de Octubre, pero con cierto distanciamiento porque aquella revolución bolchevique no era la suya, no era la de una nihilista. Terminada la guerra civil en 1923 y estrechamente vigilada por el régimen de Stalin, se dedicó a actividades de tipo cultural, entre las que destaca la fundación del Museo Kropotkin. Falleció en 1942 en Moscú a los 89 años.

Aparte de los detalles autobiográficos que contiene, “Rusia en las tinieblas” es interesante por el relato de primera mano de las actividades de las organizaciones revolucionarias como Narodnaya Volia. En el libro se recogen las eternas divisiones de la izquierda, entre libertarios y autoritarios o entre pacíficos y violentos. Aparecen con sus nombres los infiltrados, traidores y delatores que arruinaron muchos proyectos. El texto de Figner explica muy bien cómo la conciencia revolucionaria nace a partir de la opresión, y cómo cuanta más represión se produce, más subversión surge. Esta dinámica llevó a Rusia a la revolución de 1917.

Antipersona ha publicado esta obra en una edición muy cuidada, y creo que ha sido un acierto mantener la excelente traducción de la primera edición (Editorial Fénix, 1934) a cargo de Valeriano Orobón, conocido militante anarquista y autor de la letra en castellano de “A las barricadas”, himno de la CNT.

Web: Antipersona

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