Cultura | El socialismo contra la guerra al inicio del siglo XX

Por Eduardo Montagut

El socialismo europeo tenía muy claro al comenzar el siglo XX que el proletariado debía rechazar la guerra entre las naciones porque el conflicto bélico era ajeno a sus intereses. El ambiente de tensión en el mundo fue creciendo a medida que avanzaban los primeros años del siglo, y eso provocó que la guerra pasase a ser tema prioritario de discusión en los Congresos de la Segunda Internacional. En el celebrado en Stuttgart en el año 1907 se aprobó una resolución en este sentido:

“Las guerras entre estados capitalistas son, en general, las consecuencias de su concurrencia en el mercado mundial (…). Pertenecen, pues, las guerras a la esencia del capitalismo y no cesarán más que por la supresión del sistema capitalista.

Si una guerra amenaza estallar, es un deber de la clase obrera de los países afectados (…) el hacer todos los esfuerzos para impedirla por todos los medios que les parezcan los más apropiados y que varían naturalmente según el estado de la lucha de las clases y la situación política general.”

Esta resolución permite comprobar que los socialistas no se quedaban en el análisis teórico del conflicto bélico sino que proponían medidas y propuestas de actuación. La parte más a la izquierda, representada por Lenin y por Rosa Luxemburgo, presentó una enmienda que fue aprobada, y que establecía la alternativa revolucionaria. La guerra habría que pararla por cualquier medio, aprovechar el conflicto para agitar al pueblo y precipitar la caída del capitalismo.

En el Congreso de Copenhague del año 1910 se propuso la huelga general obrera en caso de estallido de la guerra. Esta huelga sería determinante en los sectores industriales vinculados con el esfuerzo bélico. Esta resolución no se aprobó.

Pero la idea de la huelga general revolucionaria rondaba entre los socialistas europeos. El Congreso Extraordinario de Basilea de 1912 es clave, en este sentido. Y lo es porque se convocó para tratar, exclusivamente, la situación internacional y la cuestión de la guerra. No olvidemos que el momento es especialmente delicado, con las guerras balcánicas que podían hacer estallar en cualquier momento un conflicto de mayor envergadura.

Los socialistas querían demostrar al mundo su unidad y su repulsa a la guerra. Los delegados redactaron un manifiesto que recogía las ideas del Congreso de Stuttgart. Se hacía una advertencia a los gobiernos en el sentido de que no podrían desencadenar una guerra sin peligro para ellos mismos. Este manifiesto, los discursos y la manifestación, que se realizó, calaron en la opinión pública. Destacó la oratoria de Jaurés, con fondo del Himno a la Paz de Beethoven.

A pesar de todo este espíritu pacifista, de todas las declaraciones, manifiestos y manifestaciones la guerra estalló en 1914, y provocó, además el fracaso de los socialistas. Los militantes y los dirigentes del socialismo europeo irán a la guerra. Los diputados socialistas en los parlamentos votarán los créditos de guerra, y algunos ocuparán carteras ministeriales en gobiernos de unidad nacional. ¿Por qué?

Conviene entender que detrás de las grandes declaraciones y manifiestos había no pocas tensiones en el seno del socialismo europeo, y el nacionalismo no era una ideología tan ajena para algunos socialistas, tanto en los Congresos de la II Internacional como en el seno de los propios partidos socialistas. El caso más llamativo es el que acontece en el SPD alemán. La derecha del partido era marcadamente nacionalista y, consiguió, que no se aprobase el recurso de la huelga general. En el socialismo francés había, también defensores de una guerra defensiva.

Así pues, el internacionalismo entró en una fuerte crisis.

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