Cultura | El Proceso de El Escorial

Por Eduardo Montagut

En este artículo nos acercamos a uno de los hechos previos a la Guerra de la Independencia que, sin ser decisivo, ejemplifica el grado de descomposición de la Monarquía española en plena crisis del Antiguo Régimen. Estamos aludiendo al conocido como proceso de El Escorial, protagonizado por el príncipe de Asturias, que abriría una etapa que desembocaría meses después el famoso motín de Aranjuez, donde los protagonistas del hecho de El Escorial conseguirían lo que no pudieron anteriormente.

El futuro Fernando VII se rodeó en la corte de un conjunto de personajes, confidentes y amigos, que fueron formando su famosa camarilla, y que tanto protagonismo tendría posteriormente, al margen de la Administración central. Entre ellos destacaba, sin lugar a dudas, Juan Escoiquiz, aunque también habría que nombrar al duque de San Carlos, el duque del Infantado, el marqués de Ayerbe, y el que luego sería conde de Montijo. Este grupo se caracterizaba por su odio a Godoy. Así pues, Fernando y su grupo maquinaban para conseguir que se destituyese a Godoy mediante una detención y el nombramiento del duque del Infantado para dirigir el ejército y convertirse en hombre fuerte. Estas pretensiones llegaron al rey a través de un pliego entregado en su mesa estando la familia real en El Escorial, terminando el mes de octubre de 1807. El documento dejaba muy claro que Fernando iba a dar un golpe de mano para hacerse con la Corona.

Este hecho desencadenó el proceso en sí. Se arrestó al príncipe de Asturias, y se detuvo a los otros protagonistas. Se incautaron documentos comprometedores e intervino el secretario de Justicia, Caballero. Al final, Fernando hizo una confesión sobre toda la trama de la conspiración. También delató a sus consejeros, aludiendo a que le habían empujado a protagonizar esta trama. La escena del perdón debió ser memorable, ya que hubo un abrazo con Godoy y se promulgó un decreto por el que se perdonaba a Fernando. Los propios jueces del proceso terminaron por recomendar al rey que pusiera en libertad a los encausados, quizás por el odio que generaba el valido y la reina, blanco de todo tipo de rumores y calumnias. Todo fue un verdadero escándalo que hundió el poco prestigio que le quedaba a la familia real.

Napoleón, espectador en la lejanía, seguía con su plan. Envió más tropas de las que le permitía el Tratado de Fontaineblau. En España se estaba pendiente de lo que ocurría en la corte, aumentó la impopularidad de Godoy, y se iba calentando el ambiente que desencadenaría el famoso motín de Aranjuez en marzo de 1808. Ese hecho favorecería a Fernando y a su camarilla, ya que, como es sabido, Carlos IV abdicaría. Fernando había conseguido no solo el trono sino el favor popular al presentarse como salvador de España frente a los supuestos negros intereses de Godoy y de sus partidarios, junto con Carlos IV y María Luisa, supuestamente dominados por el emperador Napoleón. Esa imagen tuvo un momento culmen en el Motín y se ensancharía con la Guerra de la Independencia, naciendo el sobrenombre de El Deseado. Ya se encargaría su reinado efectivo a partir de 1814 de derribar el mito y lanzarlo a un pozo oscuro en la Historia.

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