Cultura | Pequeño atlas arqueológico

Por Javier Merino 

La arqueología es un negocio veleidoso. Puede requerir años de trabajo paciente, de recopilar datos laboriosamente, largas horas dedicadas a descodificar fragmentos de escritura, y mucha agonía realizando interpretaciones históricas. Al final suele llegarse a un consenso entre los expertos. Un descubrimiento por accidente en la acequia fangosa de una granja puede hacer que se reescriban años de sabiduría académica considerada cierta, y provocar toda una revalorización de otros yacimientos conocidos. Una investigación arqueológica típica es como intentar hacer un puzle en el que faltan la mayoría de las piezas y la imagen cambia continuamente. Pocas cosas combinan la frustración y la fascinación del mismo modo.

De manera que debe hacerse una advertencia para la salud: debido a todos sus defectos y fracasos, la historia de la arqueología durante los últimos 360 años ha representado un éxito destacado. Durante este período hemos dejado atrás una posición en la que la Prehistoria estaba gobernada por las teorías bíblicas (la Tierra se creó el mediodía del 23 de octubre de 4004 a.C., según James Ussher, clérigo irlandés en el siglo XVII), para llegar a una aceptación generalizada de la evolución, un conocimiento básico de las raíces de la humanidad, y una comprensión de los avances tecnológicos que nos han empujado hacia adelante. Los primeros exploradores y aventureros europeos que saqueaban sin miramientos los yacimientos antiguos, no destacan en el ámbito del honor. Pero antes de juzgarlos de forma muy dura deberíamos recordar que nuestra sociedad industrializada del siglo XX tampoco es inocente en lo referente al vandalismo histórico.

 

 
El Convento de Santa Tecla, en Siria, fue recientemente bombrdeado y sufrió grandes destrozos. Vía Dos Cántaros.

De cualquier manera, los arqueólogos de hoy en día deben enfrentarse al mundo tal y como es, no como les gustaría que fuera. En cada nuevo descubrimiento les acecha el espectro del compromiso en forma de restricciones presupuestarias, presión de tiempo, interferencias políticas, y todas las objeciones legítimas de aquellos que creen que los muertos no deberían ser molestados. Estos factores convierten las excavaciones más grandes en hazañas más complejas. En contra de ellos aparecen los avances revolucionarios aportados por la ciencia del siglo XX, como el sistema para averiguar la época de la que proviene un objeto por medio del radiocarbono, la magnometría (que detecta dónde los edificios antiguos han modificado el campo magnético de la tierra), los radares de tierra, la dendrocronología (que data los objetos basándose en los anillos de crecimiento de los árboles), el análisis del polen, y la fotografía aérea.  Todas estas técnicas combinadas con las tradicionales sobre el terreno, representan unas herramientas muy poderosas para reconstruir el pasado.

El lado positivo de la arqueología, sin embargo, no radica en los juguetes tecnológicos o las minucias de la investigación académica, a pesar de lo importantes que puedan ser. Lo más positivo radica en la gente, de dónde vienen, cuándo llegaron, cómo vivieron y lo que creían. En una serie de entradas en Nueva Revolución vamos a procurar capturar la magia de los yacimientos más grandes del mundo, desde las huellas fosilizadas de los primeros humanos, hasta la riqueza inimaginable de la tumba de Tutankamon, y los 7.000 soldados que componen el extraordinario “Ejército de Terracota” que protegía al primer emperador de China, QinShihHuang Ti, tras su muerte.

 

 
Arqueólogos trabajando sobre el terreno en Xi’an

Intentaremos abarcar todas las civilizaciones antiguas y clásicas más importantes, analizando los detalles de los yacimientos específicos que tipifican o caracterizan una cultura determinada. Pero debido al hecho de que la arqueología no es una materia que pueda clasificarse de forma exacta dentro de cajas, también prestaremos atención a hallazgos fuera de serie para los que no existe ningún ámbito contextual y de los que se dispone de escasa información. Existe el peligro de creer que, porque un yacimiento esté bien documentado y detalladamente explicado, se debe calificar de crucial dentro del esquema de las cosas.

No vamos a presentar los temas de forma cronológica, puesto que es reconfortante pensar en la Humanidad progresando a un ritmo claramente definido a través de los siglos, con los descubrimientos más importantes como la ganadería, la agricultura y la metalurgia extendiéndose por todo el mundo, pero la realidad demuestra que los avances tuvieron lugar en épocas diferentes en cada lugar. Hoy en día los ordenadores proporcionan una conexión inmediata entre millones de personas, proporcionando acceso por primera vez a los datos y la información, pero del mismo modo millones de personas viven todavía de forma asombrosamente parecida al modo de vida de sus ancestros de la Edad del Hierro. ¿Cuál es la representación real del mundo?

Por este motivo nos centraremos en los aspectos geográficos de la arqueología, mostrando la situación precisa de los yacimientos presentada de una forma clara y aportando información adicional sobre el entorno siempre que resulte posible. Hay una tendencia inevitable y manifiesta hacia Europa, el norte de África y Asia, puesto que estas zonas han sido las más investigadas y documentadas. Por simplicidad y comodidad, hemos dividido el globo en 12 regiones independientes, o áreas políticas específicas (como los imperios romano y griego). Inevitablemente se produce un cierto solapamiento, por ejemplo, algunos restos importantes romanos aparecen en las secciones de África y el oeste de Europa, así como en las de los romanos y los etruscos.

 

A medida que avanzamos en el tercer milenio, un equipamiento radicalmente  mejorado, y la práctica del trabajo de campo, nos ayudarán a completar los vacíos. Pero a no ser que se produzca un gran salto en la ciencia de la detección, nuestro conocimiento permanecerá en gran parte a expensas de la gloria impredecible de los hallazgos accidentales. A pesar de todas las maravillas de la era tecnológica, por ahora las zanjas laboriosamente excavadas siguen siendo probablemente nuestra mejor apuesta para reescribir la Historia, aunque lo cierto es que estamos sentando las bases de la arqueología del futuro: la Arqueología Digital.

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