Cultura | Los poemas de Catulo

Por Susana Gómez Nuño

Catulo vivió a finales de la época republicana, entre Roma y Verona, su tierra natal, entre el año 87/84 a.C. y 57/54 a.C., y formaba parte de una nueva generación de poetas conocidos como los poetae noui. Influenciados por los géneros poéticos helenísticos, tomarán a poetas como Calímaco de Cirene o Safo, del período arcaico, como fuente de su inspiración. La obra de Catulo incluye poemas líricos, epilios, elegías y epigramas. Algunos de sus poemas llaman poderosamente la atención por su vocabulario obsceno, sus referencias a prácticas homosexuales y el despecho insultante que muestra a la que fue su amada.

Los poemas de Catulo tienen como objetivo dar a conocer sus pensamientos al lector de forma muy subjetiva. En la primera parte de sus poemas (del I al LX), objeto de estudio de esta reseña, su temática es muy diversa y el autor emplea la poesía lírica en su esencia, con poemas breves, de métrica variada, que tratan de temas como la amistad, la invectiva y el erotismo. A esta última temática pertenecen los poemas que conforman el ciclo de Lesbia, donde el autor expone todas las fases de su relación de amor con dicha dama.

El uso por parte del poeta, de un lenguaje explícito, claro y sin tapujos, a la vez que refinado, y, sobre todo, desde un interesante punto de vista subjetivo e inherente al autor,  es propio del legado del poeta. Todos estos elementos han contribuido a que su obra haya sido admirada e, incluso, imitada por muchos, así como a su pervivencia en el transcurso de los siglos.

Algunas de las técnicas utilizadas por el poeta son muy representativas de la poesía lírica de la época. El uso de preguntas retóricas y el desdoblamiento poético, que podemos ver de forma conjunta en el poema VIII; la poetización del paisaje, que observamos en el XXXI; y los adynata o la enumeración de cosa no cuantificables, que encontramos en el VII, se reflejan en su obra. Por otro lado, es destacable el hecho de la inexistencia de un orden establecido en sus poemas, pudiéndonos encontrar uno dedicado a su amada seguido por diversas diatribas dirigidas a diferentes personajes. Este hecho, de por sí caótico, nos llevará, de manera efectiva, a un acercamiento tanto al entorno social del poeta como a las profundidades de sus pensamientos y sentimientos.

Podemos establecer una división de sus poemas en función a la temática utilizada por el poeta. Así pues, encontramos algunos poemas inspirados en sus odios personales hacia personajes como Furio y Aurelio, en las diatribas de los poemas XI, XV, XVI, entre otros; Mamurra y demás partidarios de César en los poemas XII o LII; Vosulio y Sufeno, considerados malos poetas por el autor, en los poemas XXXVI y XIV, respectivamente; Egnacio, posterior amante de Lesbia, al que desaira en los poemas XXXVII y XXXIX. Otros poemas destacados, de índole amorosa, son los que conforman el ciclo de Lesbia y el de Juvencio (poemas II, III, V y XXIV, XLVIII, entre otros).

En este punto, creo importante destacar el hecho que los poemas dedicados a Lesbia, a pesar de los límites no definidos por el poeta entre el amor y el deseo carnal, no poseen, en este caso, connotaciones sexuales explícitas en el lenguaje, es decir, el poeta utiliza el lenguaje obsceno para referirse a las relaciones de Lesbia respecto a otros amantes pero no hace uso de él cuando se refiere a su propia relación con ella.

Podemos constatarlo si comparamos los poemas V o VII, donde el poeta claramente enamorado habla de los besos que dará a su amada, con el LVIII, en el que tilda a Lesbia de prostituta por mantener relaciones con otros hombres haciendo uso de un lenguaje soez. Por todo ello, y sin dejar de lado la relación física que, obviamente, mantenían, se hace patente la magnitud de la profundidad del sentimiento del poeta hacia su amada. Los poemas dedicados a sus amigos y compañeros de oficio, como Veranio, Fabulo o Licinio Calvo (poemas IX y XIV, entre otros) y los que contienen un cariz de reflexión personal, como el poema IV o el XLVI, conforman el resto de la temática principal de la primera parte de los poemas de Catulo.

Ciertamente, Catulo, poseedor de extraordinarias dotes poéticas, es capaz de combinar una temática variada y de contrastes como el amor y el odio, tan dispar como un poema dedicado a una barca o a un gorrión, en contraposición a un discurso violento contra un personaje odiado por cualquier razón. La utilización magistral de un lenguaje, manejado a su conveniencia, con un estilo refinado, fusionado, en ocasiones, con un discurso explícito rebosante de obscenidades o críticas virulentas, conforma una de las particularidades esenciales y distintivas de su obra. La subjetividad inherente en todos sus escritos y proveniente de los recovecos más profundos de su interior, salpicada con los recursos estilísticos propios de la poesía lírica, comentados anteriormente, hacen de su obra una creación original, portentosa y, sin duda alguna, digna de elogio.

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