Cultura | Ficción televisiva. Hoy

Por Jose Arcángelo Beatrice

Segunda entrega del artículo “Nuevos formatos audiovisuales. Antes de…

Creo que el primer elemento que define este momento televisivo, son los canales de información: IMDB, blogs, twitter, mis amados podcast… Nos ayudan, como consumidores, a hacernos una idea de la oferta actual ajustada a nuestras inquietudes o gustos concretos. Es muy fácil saltar de un producto a otros de su estilo o de los mismos creadores que, por parentesco, tiene muchas papeletas para engatusarnos. La gran cantidad de críticas y opiniones que nos brindan internet y las redes sociales es una gran oportunidad para las obras que, sin gozar de la mayor promoción corporativa, obtengan su difusión por este nuevo “boca oreja”.

Me voy a parar un momento en eso de la crítica orientativa porque también se ha convertido en un fenómeno. Antes podías, por ejemplo, fiarte de lo que decía tu primo o de lo que leías en una revista más o menos especializada, pero ahora puedes elegir a esos nuevos primos de los que fiarte. Los medios hablan de la figura de influencer, ¿no? De pronto, te encuentras con tantos soplos como quieras, una inagotable fuente de nuevo material (sea bueno o no, pero eso ya es otro tema) o viejo material en el que no habías reparado, para inyectártelo por vía ocular. Has encontrado una pandilla que no es la tuya pero que sabes que busca lo mismo que tú, por lo que estás atento a cada nuevo bombazo que se sacan de la chistera. Las fuentes tradicionales más generalistas se han alejado de los nichos menos convencionales y ya no ofrecen a estos una información útil.

Toda esa información va asociada a otro hecho: El boom de las series. Esto ha derivado en una oferta inabarcable, muy variada y especializada. El formato procedimental del “caso de la semana”, fue dejando un hueco para el formato seriado y eso llamó la atención de otro tipo de público más “fidelizable”, el que hoy muchos llaman friki, propenso a establecer debates en torno a la historia y los personajes (aprovechando el canal de las redes sociales), hasta que el “fenómeno fan” masivo fue un hecho. Una de las consecuencias fue que las cadenas multiplicaron sus estrenos anuales y apostaron por unos presupuestos más ambiciosos (con la intención de elevar la calidad), y esto coincidió con la llegada de actores importantes de la gran pantalla, para triunfar en la pequeña. Esto no ocurrió de golpe, sino que hubo pioneros y la tendencia se generalizó en base al éxito de estos. Se podría decir que este sector de la televisión y el cine comparten ya su star-sistem y, a veces, algunos de sus procesos. Estoy pensando en una entrevista reciente a Jonathan Nolan en la que hablaba de la fecha prevista para la próxima temporada de “Westworld” y atribuía su lejanía a la costumbre tanto suya como de Lisa Joy (ambos guionistas), a trabajar con calendarios de producciones cinematográficos, donde lo habitual es plantearse las iteraciones de una saga con dos o tres años de margen entre ellas.

Otras cadenas han preferido explotar el hecho de que hay mercado para absolutamente todo, y se dedican a producir realities mucho más baratos. Su premisa es la opuesta a transportar al televidente a mundos ajenos, fantasiosos y peligrosos, sino que acercan las tramas a una aparente cotidianidad (exagerada, llevada al extremo). Da lo mismo si al espectador le interesa la cocina, el tatuaje, las peonzas, el pescado, las maquetas o las sobremesas de señoras ricas que se tiran dardos envenenados (verbales, por desgracia).

Hace tiempo que la idea tras todo esto ya no es sentar a la familia entera frente a un único televisor con una propuesta neutral y versátil, sino configurar un catálogo en el que hay un abanico de propuestas para cada uno. Subyace la idea de que todo el mundo es público potencial de al menos alguna propuesta. La mejor manera que se me ocurre para definirlo es una reflexión que hizo en un programa C.J. Navas (canal “Podstar.fm”): Antes se hacía la pregunta “¿Ves series?”, pero hoy en día, se da por sentada la respuesta, y la nueva pregunta es “¿Qué series ves?”.

Y llegamos a esto: ya no existe tiempo material para ver las 35 mejores del año, ¡la oferta es gigantesca!, y ni siquiera consigo abarcar las series para las cuales soy target. Así que hago listados: las que estoy viendo, las que quiero ver, las que podría llegar a ver… y ya tengo muchos frentes abiertos (quizás demasiados). Uno ya no puede sentir pena por no completar una obra, y abandonarla o dejarla en la nevera un tiempo. Así que elige, filtra, selecciona y de ahí quédate con lo que puedas. Te perderás cosas porque así tiene que ser, tienes una vida y la sociedad espera mucho de ti…o no.

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