Economía | El período especial en Cuba: el legado de Fidel debe continuar

Por Jaime Nieto @jaimenie


El extraordinario pueblo cubano fue capaz de derrotar a Batista, superó la invasión militar estadounidense en Bahía de Cochinos, décadas de bloqueo (un acto de guerra) de la mayor potencia del mundo y se sobrepuso al Período Especial tras el colapso de la Unión Soviética. El período especial es considerado en la literatura de transiciones hacia la sostenibilidad como uno de los principales laboratorios sociales con lo que aprender cómo un metabolismo económico complejo puede absorber y superar una repentina escasez de combustibles fósiles. Siguiendo a Fischer-Kowalski (2011), este tipo de shocks se encuadrarían en una situación en la que los recursos antiguos (fundamentalmente el petróleo) están agotados pero existen nuevos recursos y oportunidades para que el sistema sociometabólico pueda reproducirse. Es el caso de Suecia en 1973, en el que ante la fuerte subida de los precios del petróleo se decidieron tomar medidas para reducir su consumo y se establecieron iniciativas restrictivas de ahorro inmediato como la prohibición de utilizar los vehículos privados un día a la semana, reducir el tiempo de alumbrado público y el consumo de calefacción en las escuelas. La repentina escasez obligó a establecer medidas de supervivencia no planificadas ordenadamente. Así, en Suecia como en Cuba –en 1991 tras la caída de la Unión Soviética, principal suministrador de la isla– se  tomaron medidas como la potenciación de las energías renovables y la reducción del consumo. En este sentido, la experiencia de transición hacia niveles de menor dependencia del petróleo vivida tras su Período Especial en Cuba puede servirnos para extraer algunas enseñanzas de utilidad, tanto de sus luces como de sus sombras, desgranadas estas últimas acertadamente por Emilio Santiago Muiño (2014).

La sociedad cubana, obligada por las circunstancias, llevó a cabo una transformación de gran calado. Se descentralizó la producción de energía con pequeñas plantas más eficientes que las viejas centrales construidas con anterioridad al que denominan como Período Especial, se estimuló la actividad económica en el mundo rural y se transitó hacia un modelo agrícola ecológico con aportaciones de la permacultura, que representaba en 2008 en torno a un 80% del total (Bermejo, 2008). La agricultura cubana, orientada anteriormente a los monocultivos para la exportación de azúcar, caminó hacia un modelo en el que, en 2006, el país producía el 65% de los alimentos que necesitaba para cubrir sus necesidades, descendiendo la dependencia de importaciones en las últimas décadas (Murphy, P. y Morgan, F., 2013).  Al abrazar los principios de la agroecología, Cuba apostó por un modelo menos intensivo en la utilización de un petróleo (pesticidas, fertilizantes, transporte) del que carecían, contribuyendo con ello a una mejor seguridad y soberanía alimentaria, así como a reducir drásticamente su huella ecológica y la brecha entre esta y su biocapacidad (Gráfico inferior).

El agravante de la situación cubana por el bloqueo comercial de EE.UU. fue contestado con acuerdos de cooperación con otros países del entorno, con los que intercambia los servicios en los que es puntera mundial (médicos, investigadores) por el petróleo que todavía consume hoy en día y otros bienes que necesita importar. Hoy en día, Cuba tiene un nivel de consumo energético en términos de toneladas de petróleo equivalente por persona de 1,03 muy inferior a la media mundial (1,80), muy por debajo de EE.UU. (el mayor de todos, con un 7,03) y también por debajo de los países de América Latina (1,80).

Huella ecológica y biocapacidad* de Cuba

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Asimismo, presenta unos niveles de emisiones de CO2 en toneladas por persona de 2,40, también por debajo de la media mundial, EE.UU. y América Latina: 4,29, 16,0 y 2,16 respectivamente (International Energy Agency, 2011). El resultado es un ejemplo de cómo un país puede, incluso en una situación de carácter incidental, no anticipada, reducir su presión sobre el medio ambiente y acercarse al cumplimiento de los requisitos de sostenibilidad sin hacer sufrir sus niveles de desarrollo humano. De hecho, su Índice de Desarrollo Humano (IDH), con todos los problemas que supone este indicador, presenta un nivel superior al de su entorno (0,780 frente al 0,741 de América Latina y Caribe) y que, como muestra el Gráfico 17, ha persistido en su mejora desde que se llevó a cabo la transición (UNDP, 2013).

 

Serie temporal de IDH de cuba desagregado por indicadores

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La existencia de unas fuertes redes sociales de base sin duda está detrás de la gran resiliencia del pueblo cubano para resistir todo tipo de embates, como demuestra el escaso impacto comparativo de desastres naturales. De nuevo, nos encontramos con una debilidad para afrontar la transición en el individualista mundo Occidental, como señala los desiguales resultados de la adaptación sueca en el largo plazo. Este peligro acecha Cuba en la actualidad, con la penetración de nuevos imaginarios colectivos en los que el consumismo y el individualismo metodológico cada vez se extienden más en la isla. La transición cubana hacia un sistema con mayores libertades debe salvaguardar el legado de la Cuba de un Fidel que hoy nos deja, si quiere estar preparada para los desafíos del futuro. El pueblo cubano, siempre un ejemplo. Hasta siempre.

*La Huella Ecológica mide la cantidad de tierra y mar biológicamente productivos que un país requiere para producir los recursos que consume y absorber los residuos que genera. La biocapacidad es la habilidad de un ecosistema para producir materiales biológicos y absorber desechos. La comparación de ambas variables nos indica en qué medida el sistema socioeconómico de un país se comporta por encima o por debajo de la capacidad ecológica de su territorio. Para más información sobre la metodología de cálculo de la Huella Ecológica consultar Borucke et al. (2013).


Referencias:

Bermejo, R. (2008). Un futuro sin petróleo. Colapsos y transformaciones socioeconómicas. Madrid: Centro de Investigación para la Paz.

Fischer-Kowalski, M. (2011). Analyzing sustainability transitions as a shift between socio-methabolic regimes. Environmental Innovation and Societal Transitions(1), 152-159.

International Energy Agency. (2011). Key Energy Statistics. París: IEA.

Muiño, E. S. (2014). Obstáculos para la transición socio-ecológica: el caso de Cuba en el “período especial”. Revista de Economía Crítica(17), 118-135.

Murphy, P. y Morgan, F. (2013). “Cuba: lecciones de un decrecimiento forzoso”. En E. Assadourian, & T. Prugh, La situación del mundo en 2013. ¿Es aún posible lograr la sostenibilidad? (págs. 487-503). Barcelona: Icaria.

UNDP. (2013). Human Development Report. Explanatory Note on 2013 HDR composite indices. Nueva York: United Nations Development Program.

 

 

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