Ecología | El cielo está cambiando y la sociedad también (o el ámbito de las anticipaciones)

Por Marina Luna

No hace falta más que darse un garbeo  por las Redes Sociales, para constatar aquello que dijo W. Rings: “(…) que la inseguridad de la espera y el futuro produce la necesidad de un saber.” ¡Carajo!  Hasta ahora nunca había oído hablar de la “Crisis de la Constitución 78” en el gym  llamándola “Constitución apañada”, ni había visto mi castiza barriada oscura como boca de lobo, con eso del “Apagón de la Hora del planeta” -lo confieso, qué orgullosa me sentí.

El cielo está cambiando y la sociedad también.

Lees artículos de opinión, cartas de ecologistas impotentes ante la pobreza energética, convenios sindicales de astracán o de la brecha salarial que no hay tirita ni apósito para cubrirla en esta sociedad patriarcal (ni en la derecha ni en la izquierda). Escuchas propuestas de naturaleza municipal o regional de “Gesta de Mío Cid”, pura épica que cabalga desde la ultraderecha xenófoba hasta la naïve ultraizquierda y… una, en este sinsentido, alcanza la determinación de que el verdadero dominio del “Mito” en la España de hoy, lo constituye el ámbito de las anticipaciones y planificaciones de toda clase, esto es: la esfera de las acciones, al decir de Bolher.

“La sugestión de la espera de futuro es tan poderosa, que la mayoría de los hombres se extasían al oír la palabra planteamiento.”

Los Sindicatos abriendo diálogo social mediante alianzas de Fuenteovejuna, los círculos morados, jartitos de egos, rememorando con añoranza las “Asambleas de Barrio” entre sillas plegables y tarteras. ¿Todos sabemos que a los círculos le han salido esquinas, no? De ahí el bien de la prensa underground como Nueva Revolución y otros, y los movimientos civiles organizados en mareas para dar las pertinentes collejas.

El Inem y los desempleados, con tallercitos insufribles de auto-empleo y kilométricas colas, mientras los empresarios se frotan las manos después de la derogación de lo acordado en el Pacto de Toledo años ha con contratos de una hora. ¡Excusa decir pero 60 minutos de cotización para el pobre afortunado! (Qué estos del PP y Ciudadanos ni los de Atila para el ciudadano ordinario).

Vaya, en fin: todas y todos, aquí y allá, con el síndrome agudo de propensión al pronóstico bien vía encuestas, bien vía bola de cristal por boca de tertulianos de Renacimiento, que tocan todos los registros hasta la física cuántica. 

Es humano, pero Homo Insapiens. El planteamiento de futuro es un impulso instintivo, una coacción biológica ciega. Nace de la angustia y la inseguridad, y al mismo tiempo de la esperanza de la liberación de estas y se vigoriza por las fantasías, igualmente forzosas, del progreso externo, por la necesidad de poder de las élites dirigentes.

¿Lo asombroso? Lo asombroso es que nos lo creamos. Yo, la primera. Y es que como dice el refrán, “la esperanza es lo último que se pierde”. Una esperanza de raíz psíquica y de índole universal: la esperanza de futuro.

Bolher la definía así: “La fe en que la realidad se deja transformar fundamentalmente, la convicción de que la fe de futuro desaparecerá por completo para dar paso a la esperanza, que la realidad actual, con su mezcla de placer y disgusto, de alegría y sufrimiento, será reemplazada por una realidad, en que las contradicciones de la existencia desaparecerán, mediante la total eliminación de los aspectos negativos”

¿Qué las contradicciones de la existencia desaparecerán? Tela, para reflexionar un ratito, ejercicio al que invito tanto a  los partidos salvíficos como a los estalactitas. Y, es que somos de un cándido que clama al cielo… Insisto, yo la primera.

PROCESO

Entonces comienzan los dobles discursos: “esto entre tú y yo”, “esto que no salga de aquí”… Vaya,  las opiniones en petit comité que culebrean por todas las siglas PSOE, PP, Ciudadanos, Podemos y es cuando te das cuenta de dos cosas:

       1) Que el presente se halla por completo desvalorizado: primero por ser miserable y segundo, porque nos ilustra que planteamientos del pasado no se han hecho realidad, y que esa esperanza de futuro- vista desde el más rabioso presente, se ha quedado en eso, planteamiento o anticipación.

      2) Que los artífices de la acción, o planteadores de acción, (esos del “entre tú y yo” “esto que no salga de aquí”) también son víctimas de esa coacción biológica ciega, de esa espera mesiánica secularizada en siglas de partidos, sindicatos y movimientos sociales.

Y, lo más curioso, es que no advierten la pérdida de su libertad, la renuncia a la satisfacción de los instintos naturales y a un comportamiento libre de objetivos no sujetos al programa del Partido, al idearium del Sindicato, a lo acordado en “Círculo color lombarda que corresponda en cuestión”.

Tampoco advierten el peligro que corre la independencia espiritual del individuo y, con ello, la democracia, esto es, no ven la contradicción a la que se encaminan.  

En plata: el mito viviente es un ardid de la naturaleza para mantener despierta la actividad vital. Los biologicistas lo dirían así. La meta jamás será alcanzada… ¡Ay, la meta! Pero se producirán cambios y eso es lo interesante: el cambio,  eso es que nos debería a seguir creyendo a días. Quizá por eso son las mareas ciudadanas, mareas idealistas y preformativas. ¿Que tú no has encontrado el tuyo, lector? Pues haz como yo, si no mirando no como un nuevo Adán, así como una nueva Eva.

Marina Luna, ardiendo en preguntas.

   

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