Cataluña, España y el día de la marmota

Por Daniel Seijo 

Mientras hoy me desperezaba para encarar un nuevo día, no podía evitar la sensación de sentirme como una especie de Bill Murray a la gallega, atrapado en un cíclico referéndum soberanista, que ocupa eternamente mi media tarde política con el desafío catalán al gobierno español. He de suponer que esta es una de las desventajas de vivir todavía en una democracia joven e insegura de sí misma como lo es la española. Por norma, no nos gustan los cambios, nos asustan, detestamos todo lo que suene a novedoso y si eso por encima supone que debemos que debatir o incluso modificar nuestro cáliz constitucional, tendemos a evitarlo resucitando si es preciso el tan traído rito de las dos Españas. Un rito que como todo español debiera conocer, consiste básica y fundamentalmente en agazaparnos en dos grandes trincheras ideológicas e intentar por encima de todo hacer ruido, todo el ruido que podamos y que se nos permita. En situaciones normales este ritual suele resultar inofensivo, pintoresco e incluso supone algo que nos distingue de otras latitudes, pero a la hora de dialogar, resulta atronador y termina impidiendo que nos escuchemos y podamos llegar a acuerdos.

Después de todo y al contrario que en gran parte del mundo, en España hemos aprendido a soportarnos por mera necesidad y no por consenso, carecemos de los mecanismos encaminados a esa tarea. Nuestra Constitución que debiera ayudarnos, no es un elemento vivo, no es una herramienta que nos sirva para abrir la puerta a los cambios perceptivos de la sociedad, ni se trata de algo maleable para el debate político y mucho menos ciudadano. Nuestra Constitución en definitiva es un viejo animal esculpido en piedra que ha bajado de manera pseudocelestial para guiarnos en el camino, algo así como una especie de dinosaurio mitificado que nos retrotrae continuamente a los resquicios de un régimen ya pasado, régimen que por otro lado, ha supuesto en gran medida el origen de muchos de nuestros males actuales como Estado. No voy a negar que en el fondo, sopesándolo bien, puede que nos haya ayudado para nuestros primeros pasos como democracia, de forma vital incluso, pero ahora, ya pasados los años, definitivamente clama por un profundo y continuo lavado de cara.

Si uno permanece atento a los círculos políticos de nuestro país, puede ver como una de las principales recriminaciones de los sectores anticonsulta han achacado durante éste proceso previo a la consulta en Catalunya, ha sido básicamente que esta no se ajusta a la constitución: en definitiva que no respeta las leyes. Pero parémonos a pensar por un momento ¿Acaso existe realmente alguna salida realizable y legal para que los catalanes puedan hacer oír sus voces por encima del ruido? ¿Existe algo así en nuestro estado de derecho? Y la respuesta amigos míos, es no. Lamentablemente tras toda una adolescencia democrática, carecemos de ella y no estamos haciendo nada por encontrarla.

Otros países de nuestro entorno, parecen no escandalizarse ante situaciones como la que nos ocupa y lejos de reproches, parecen utilizar esos retos para adaptarse e intentar recordar el motivo de su convivencia, pero no en España, seamos sinceros, cuando finalmente el viejo dictador murió plácidamente en su cama, hacía tiempo que desde arriba se nos había marcado el camino a seguir, porque aunque los viejos cuentos nos lo expliquen de otra manera, en realidad nosotros, el pueblo llano, poco o nada tuvimos que ver en todo esto llamado transición. Unas reglas de juego inamovibles, en donde para cualquier ciudadano de bien, resulta practicante imposible salirse del camino ya marcado. No pretendo con esto entrar ahora en una critica a la transición, la cual puede que fuese en definitiva simplemente una salida para aquel contexto de una España aturdida o puede que precisamente debido a ese aturdimiento que tanto nos ha durado, fuese el timo del tocomocho en el que todos caímos. Pero la realidad es esta y esta es la herencia que nos corresponde. Un sistema esculpido en piedra en donde las leyes habitualmente parecen no responder a lo que los ciudadanos esperan de ellas.

Tenemos un sistema esculpido en piedra en donde las leyes parecen no responder a lo que los ciudadanos esperan de ellas

No lo voy a negar, puede que la consulta sea ilegal, muy probablemente lo sea, pero no por eso es injusta o innecesaria. La ley no siempre refleja la realidad y el sentir de la ciudadanía, aunque esta si debiese de disponer de los mecanismos para adaptarse y caminar con ella, mecanismos que deberían facilitarnos esos señores a los que como a ellos mismos tanto les gusta recordarnos, elegimos democráticamente cada cuatro años para que nos representen.

Y es que tal y como ya nadie puede imaginarse a una Real Academia de la lengua jurásica e inmovilista en donde todos sus dirigentes se negasen a adaptarse y evolucionar con un idioma vivo y con el uso que sus hablantes hacen del mismo, me continua resultando incomprensible como podemos seguir conviviendo con un sistema democrático en donde la mayoría de sus mecanismos impiden con demasiada asiduidad el que los ciudadanos participen y expresen sus preocupaciones de una manera normalizada. Imaginemos por un momento la idílica y sobre todo útil estampa de un país en donde desde Moncloa y de manera habitual se dignasen a incorporar los términos “consulta ciudadana”, ”debate nacional” o “modificación constitucional” entre tantos otros a su diccionario político. Puede que ese fuese el primer paso para que a uno se le quitase de encima y de una vez por todas esa molesta sensación de vivir en un eterno día de la marmota soberanista y pudiese así avanzar finalmente en un nuevo proyecto político quién sabe si con una Cataluña independiente, unida a la España centralista o bajo el paraguas federal.

Si algo parece ya claro es que no podemos seguir siendo ese país en donde se expulsa a la democracia de las plazas pidiéndoles la participación en el debate político y luego se les niega el derecho a participar en el mismo como iguales sin la continua presencia de un bochornoso circo mediático de acusaciones y dimes y diretes que poco o nada tienen que ver con lo que tantos reivindicaron en aquellas protestas ciudadanas.

Tampoco podemos seguir siendo más ese país en donde tantas personas y tantas veces se esforzaron de la manera más dolorosa y más digna posible para pedir el fin de la barbarie terrorista, para encauzar así de una vez por todas la participación en la vida política y en el cual ahora mismo, se tilda de terrorista a los catalanes y catalanas que piden precisamente que se les permita expresarse tal y como siempre hemos querido: en paz. Porque puede que muchos lo pensaran y quisieran ver en el fin de ETA el fin de los nacionalismos, pero no ha sido así, sino más bien todo lo contrario. Una vez ya liberados del horror y el ruido de las bombas, la voz de la inmensa mayoría de los nacionalistas sensatos, quien sabe si con razón o sin ella en sus reivindicaciones, pudieron por fin expresarse en libertad sin que su visión política se confundiese o se pretendiese confundir, como tantas veces ha sucedido en nuestro país, con el delirio de los asesinos.

Gran parte de esa sociedad ha decidido que quiere expresarse políticamente y que las reglas del juego no les sirven ya para poder hacerlo

Una cosa es innegable llegados a este punto en el que nos ha tocado vivir, y es que el nacionalismo y la independencia por muchas y muy diferentes causas ha calado en un amplio abanico de la sociedad catalana. Una gran parte de esa sociedad ha decidido que quiere expresarse políticamente y que las reglas del juego no les sirven ya para poder hacerlo. La verdad es que no sé en que sentido se expresarán, lo desconozco, pero si sé que precisamente por ese mismo motivo considero que resultaría un buen ejercicio democrático para todos y no solo para los catalanes, escuchar esa voz y afrontarla en un debate conjunto que se eleve por encima del ruido.

En definitiva y apartados ya del particularísimo de Cataluña, este es un toque mas de atención, un toque de atención para todos aquellos que sacaron a la democracia de las plazas para pedirles que participasen en el debate político y que pasado el tiempo parecen pretender negarles la normalidad del mismo, un toque de atención a ese estado escudado en una leyes inmutables que desde hace décadas nos paraliza y sobretodo un toque de atención de unos ciudadanos que ya están cansados de no verse participes de las decisiones que modelan su futuro y su calidad de vida, las cuales quedan en manos de los FMI o BCE de turno a los que no hemos elegido ninguno sin que eso parezca importar nada o contar para nadie como un desafío a nuestra democracia..

Un toque de atención que si no es atendido, sin duda supondrá que mañana, una vez más, volveremos a levantarnos en este eterno día de la marmota de un desafío soberanista que nunca parece acabarse.

2 thoughts on “Cataluña, España y el día de la marmota

  • 19/09/2017 at 2:47 pm
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    Toda la razón.Leed este artc,muy productivo,y que quita mucha mucha “mugre”,a este baile sin sentido.Independistas,toda la vida ,hubo,y habrá.pero;que quieran estar fuera de españa?.No se lo traga ,nadiee¡¡.Todos los españoles,queremos estar fuera de esta ConstituciOn ,que a veces de Artc,”somnolientos” y llenos de telasdearaña,Consigue;solo aislarnos de la verdad real¡¡.Hay que REFORMAR LA CONSTITUCIÖN:Quer cada espacio autónomico tiene sus diferencias,;es claro.y notorio.Que las leyes,(de 1700) sobre los que se apoyan las patas de esta Constitución ,no nos llevará a ese cambio..eso es lo real¡¡.lo demás son “vendettas” detrás de ellas se esconden actores,de muchos bandos.que hasta ahora y desde el 78,aunaban esfuerzos para enriquecerse..y solo para eso¡¡..Maragall,lo sabía .lo dijo..y todo el mundo hizo “mutis por el foro”.Si desvelaban aquello ,desvelaban lo de los DEMÄS..Y ahí quedaron .IMPÄVIDOS,Mientras todo se volvía a esconder¡¡.Ahora los ciudans queremos que se le dé AIRE.Por lo tanto ..Ponganse a LIMPIAR esta Constitución YA¡¡.

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