Brazda, el último superviviente de los “ Triángulos Rosa” en los campos de concentración nazis

Por Roberto Santos

Rudolf Brazda fue el último superviviente conocido de los “Triángulos Rosa”, el último de los miles de homosexuales alemanes y europeos que fueron enviados a los campos de concentración nazis, donde un triángulo de tela rosa en sus uniformes los distinguía de judíos, gitanos, testigos de Jehová, discapacitados y otros reclusos. Un triángulo rosa, del que muchos hoy desconocen su historia y que está semana que en Madrid se celebra el Worl Pride, creo que merece la pena recordar, porque es una de esas historias que llenan de sentido la celebración del Orgullo Gay.

Para los nazis, la homosexualidad suponía un desorden grave y deleznable que además entorpecía la expansión demográfica de la “raza aria”. El régimen pensó, además, que incrementar y endurecer los castigos contra los homosexuales, les serviría para complacer y seducir, a los más conservadores y a los católicos que se mantenían ajenos al partido.

En 1933, Hitler llega al poder y ordena cerrar los locales y lugares de encuentro homosexuales en las grandes ciudades. La tolerancia de la República de Weimar terminó de la noche a la mañana.

Por aquel entonces Brazda, albañil de formación, tenía solo 21 años y es justo en ese momento, cuando la policía le detiene por convivir con otro hombre en Leipzig. Fue sentenciado a seis meses de cárcel en 1934. Tras cumplir la condena, abandonó Alemania y se refugió en Checoslovaquia, donde pudo vivir relativamente tranquilo, hasta la anexión de los Sudetes en 1938, que le devolvió a la represión del aparato nazi.

En ese tiempo, se habían endurecido las leyes que castigaban los actos sexuales entre hombres, convirtiéndose en delito en 1935 y aumentando las penas hasta los cinco años de prisión. El nuevo artículo 175 del Código Penal era claro y sancionaba cualquier “ofensa a la decencia con fines libidinosos” entre hombres. Un simple gesto cariñoso, una caricia, un beso, eran motivo suficiente para acabar en la cárcel.

Por aquel entonces, Hitler acababa de asesinar a la plana mayor de la poderosa SA, que hasta ese momento era la principal fuerza paramilitar de los nazis, en la que conocemos como “noche de los cuchillos largos”, una purga política dentro del Partido Nazi que consistió en una serie de asesinatos cuyo blanco principal fue la cúpula del grupo militarizado SA y su líder, Ernst Röhm.

Este sangriento episodio fue motivado por la desconfianza que Adolf Hitler y sus asesores sentían respecto a este grupo y su crecimiento, así como la posible amenaza que implicaba su líder, Ernst Röhm, veterano de la Gran Guerra.

El verano de 1934 el número de enrolados en la SA había llegado a casi 2 millones, superando el número de soldados con que contaban las Fuerzas Armadas. Por su parte, Ernst Röhm era conocido por su promiscuidad sexual, y se decía que pasaba jornadas enteras en fiestas etílicas y sexuales con jóvenes de la SA; ideológicamente representaba el ala izquierda del partido, tenía ideas socialistas, se oponía a los empresarios alemanes y no era totalmente fiel a Hitler. Heinrich Himmler, el jefe de las SS, Hermman Göring y Joseph Goebbels convencieron a Hitler de llevar a cabo el operativo. Así fue como durante una noche las unidades de las SS arrestaron y ejecutaron a Röhm y otros líderes de la SA.

Hitler acusó a sus líderes de preparar un golpe de Estado. Además, la propaganda justificó la matanza aduciendo que los jefes de la SA Ernst Röhm y Edmund Heines eran homosexuales.

Brazda volvió a ser detenido por los nazis en 1942, pero está vez fue diferente, está vez no se molestaron en juzgarlo y le enviaron directamente a cumplir una pena de trabajos forzados en Buchenwald.

Este campo se fundó en 1937 para recluir a personas “asociales e indeseables”, judíos, gitanos, testigos de Jehová, delincuentes comunes y cómo no, homosexuales, siendo el mayor campo construido en territorio alemán. Sobre el portón de hierro de Buchenwald, una inscripción que había sido colocada de tal forma que pudiese leerse desde dentro, rezaba: “A cada uno lo suyo”.

Josef Brazda sobrevivió a cuatro años de internamiento con el triángulo rosa que distinguía a los homosexuales, antes de ser liberado por las fuerzas estadounidenses el 11 de abril de 1945.
En Buchenwald los homosexuales representaban un pequeño porcentaje en comparación con el número de judíos. Brafda tuvo que lidiar con el trato duro y humillante de los guardias de la SS y también con la homofobia de otros presos.

En ese periodo, algunos homosexuales fueron castrados en experimentos médicos destinados a hacerlos “normales”. Brazda fue duramente golpeado por los guardias de las SS, una vez le rompieron tres dientes y otra le dijeron que estaba a punto de ser ejecutado.

Él siempre defendió que sobrevivió gracias a dos guardias de las SS que lo ayudaron. Uno de ellos, posiblemente homosexual también, “que se enamoró un poco de mí” según relataba el propio Brazda. Este guardia consiguió además sacarle fuera de la cantera de trabajos forzados y en alguna ocasión le daba raciones de comida extra retenidas de los reclusos judíos.

A finales de marzo de 1945, cuando los aliados se acercaron, el otro oficial de la SS lo escondió en el cobertizo de cerdos del campamento para que no fuera ejecutado. “Me quedé allí con los cerdos durante 14 días hasta que llegaron los estadounidenses”, dijo en sus memorias. “Después de eso yo era un hombre libre, otros murieron, pero yo no.”

Brazda pasó el resto de su vida tranquilamente en Mulhouse, Alsacia, en el lado francés de la frontera, junto con su pareja Edouard “Edi” Mayer, con quien vivió durante 50 años hasta que Mayer murió en 2003.

Cuando Brazda tenía 95 años, vio un reportaje televisivo de Alemania diciendo que no había más Triángulos Rosas vivos, pero que un monumento estaba siendo preparado en Berlín para conmemorarlos. A través de sus amigos, se dio a conocer al alcalde gay de Berlín, Klaus Wowereit, quien lo invitó a la ciudad para poner una flor en el monumento. Fue entonces cuando se conoció la historia del nonagenario, el último testigo de la represión contra los homosexuales en la Alemania nazi.

Rudolf Brazda

Después vendrían sus memorias en forma de dos libros, uno publicado en 2010: Itinerario de un triángulo rosa y que es la única biografía que Rudolf ha autentificado y autorizado. Y el otro, escrito por Alexander Zinn, se publicó en 2011 bajo el título: «La suerte siempre volvía a mí. Rudolf Brazda: la supervivencia de un homosexual en el Tercer Reich». Murió el 3 de agosto de 2011.

Por desgracia, la de Brazda es solo una de las miles de historias que se pueden contar sobre está época tan sombría. Los triángulos rosas fueron el símbolo con el que los nazis marcaron a los homosexuales para identificarlos, en el caso de que además de homosexuales, fuesen judíos, llevaban el triángulo rosa sobre otro de color amarillo. Para los nazis estos eran el peor nivel de prisioneros. Para las lesbianas reservaron el triángulo negro, el cual también usaban para identificar a prostitutas o mujeres que usasen cualquier método anticonceptivo.

Fueron miles los ejecutados, pero nunca conoceremos las cifras exactas, nunca conoceremos todas sus historias, ni los horrores que vivió cada uno y cada una de los que murieron en esos campos. Lo que si sabemos es la historia de los que lograron sobrevivir como Brazda y sus relatos de horror, aún desde la distancia del tiempo, todavía nos ponen los pelos de punta.

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