Analfabetos políticos y Francisco Franco, CETA y TTIP

Por Pablo Laín Guerrero

Hoy voy a hablar de una realidad. En España todavía hay analfabetos; pero no me refiero a esas personas que no saben leer ni escribir, me refiero a los analfabetos políticos, un grupo muy amplio de personas que tienen en común un comportamiento: el desentendimiento hacia la política.

Según la RAE, desentendimiento significa “desacierto, despropósito, ignorancia”, los analfabetos políticos se comportan en base a una combinación de esas tres palabras, aunque podríamos referirnos a ellos, para entendernos, simplemente como esas personas que afirman con cierta dejadez eso de: “Bah, yo paso de la política”. Seguro que todos conocéis a alguien así.

El analfabeto político se vanagloria de su desentendimiento, se enorgullece de ser un “pasota de la política”. Algunos analfabetos políticos suelen argumentar su posición con el tópico “es que son todos iguales”. Meter a todos y cada uno de los políticos en el mismo saco no creo que sea correcto, pero vale, eso te lo puedo comprar, comprendo tu hartazgo, vale que sean todos iguales, pero puedes hacer algo para cambiarlo, hay más formas de hacer política, no todo es política institucional. Si para ti son todos unos corruptos, sal a la calle a protestar y a recriminárselo, que – si su corrupción queda probada – es como mínimo lo que se merecen. Y haz política de otras formas: organízate para defender tus derechos como trabajador, ve a una asamblea de barrio, o ayuda a parar un desahucio… Por ejemplo, si te cansa este sistema de representación, muestra tu voluntad de participar realmente en la toma de decisiones, exige la democracia directa y no te quedes en el sofá de tu casa quejándote en twitter.

Continuando con el tema de la corrupción, hay algunos individuos que no se enojan por este fenómeno tan habitual en España, incluso admiten que ellos también lo harían; y en lugar de salir a manifestarse exigiendo transparencia o algo tan simple como que te dejen de robar en la cara, prefieren salir a cazar pokémon, o, en su defecto, a emborracharse. Éste es el analfabeto político más peligroso de todos, un corrupto en potencia.

Es más patriota el que defiende lo público de aquellos que se lo quieren cargar, que el que lleva en su muñeca una pulserita de la bandera y no se levanta del sofá.

El siguiente tipo de analfabeto político no se informa, no lee la prensa, salvo su imprescindible diario Marca – o As – todas las mañanas. Suele tener poca comprensión lectora, síntoma de que ha leído muy poco en su vida. No conoce la historia de su propio país, ni le interesa. A la hora de elegir sus referentes culturales se mueve entre Bertín Osborne, Tomás Roncero y Álvaro Ojeda. Es carne de engañado, presa fácil de creerse la manipulación mediática, una marioneta que el sistema logra manejar sin dificultad, es el que no contrasta noticias, el que se cree todos los bulos. En él podemos apreciar de manera muy clara la hegemonía de la ideología dominante. Basta que abra la boca para repetir un tópico tras otro, mensajes que de manera implícita o explícita el sistema implementa en el sentido común de la gente. Este tipo de analfabeto político suele ser el típico “cuñado”, para entendernos. Es ignorante, no es un malintencionado, pero molesta al creerse conocedor de la verdad absoluta y al no razonar, sólo repite sus tópicos, que son fácilmente desmontables. La versión “todólogo” también entraría en esta clasificación. Este analfabeto político no pasa de la política, de hecho, se cree que sabe de política, pero sigue siendo un analfabeto. Sus conocimientos en ciencia política sólo le dan para proclamar topicazos como ese de que en el comunismo todo es de todos, dice esto porque no conoce la diferencia entre bien de consumo y medio de producción, y porque no ha leído a Marx en su vida. Aunque sus perlas son sin duda “Ni feminismo ni machismo, igualitarismo” y “¿Por qué hay un día del orgullo gay? Yo quiero uno del orgullo hetero”. Suelen votar por cualquier graciosete que diga ser de centro, en la mayoría de los casos sin leer ni siquiera su programa electoral; o si no, por el más rancio.

El anterior tipo de analfabeto normalmente confunde lo visceral con lo político, por eso se suele excitar sexualmente con la bandera rojigualda, pero es tan tan tan patriota [nótese la ironía] que pasa de ir a manifestaciones en defensa de la escuela o la sanidad pública, que tantos recortes han sufrido, recortes que nos afectan a todos los españoles. Para mí es más patriota el que defiende lo público de aquellos que se lo quieren cargar, que el que lleva en su muñeca una pulserita de la bandera y no se levanta del sofá.

El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres. No puedes desentenderte de la política, no puedes pasar de ella como el que pasa de ver un deporte o una serie, porque a diferencia de un deporte o una serie, la política juega un papel fundamental en nuestras vidas, lo queramos o no.

Si tu país se granjea enemigos que pongan en peligro tu seguridad, detrás de eso, hay decisiones políticas que toman los representantes. Si pagas más o menos impuestos, el análisis de ver a dónde va a parar el dinero de esos impuestos, si no puedes ir al trabajo pero recibes dinero en tu cuenta corriente, si te despiden del trabajo y recibes una indemnización decente o no, si estás en paro y llegas justo a final de mes, si reforma laboral tras reforma laboral te ves más indefenso como trabajador… detrás de todo eso hay decisiones políticas.

El precio del pan y los controles sanitarios que ha pasado lo que hay en tu plato, el petróleo de la gasolina que hace que tu coche ande, el hecho de que a estas alturas con las posibilidades que tenemos en España la energía solar apenas se utilice, el hecho de que tengas un coche alemán, un móvil japonés y una mesa sueca; el hecho de que en ciertos puestos de trabajo cobres menos por ser mujer, el hecho de que te asesinen por tu raza, orientación sexual, religión, nacionalidad o ideología; el hecho de que te desahucien o te estafen con chanchullos como la venta de preferentes, el hecho de que después la justicia te de la razón o no, el hecho de que al jubilarte tengas una pensión o no la tengas, el hecho de que en tu barrio haya un parque y no un descampado, el hecho de que en tu barrio haya gente que se gane la vida vendiendo droga, el hecho de que ya se hable de la renta básica universal, el hecho de que estudies una carrera para desempeñar después una profesión, el hecho de que te expulsen del sistema educativo “público” por no tener suficiente dinero para pagar las tasas universitarias, el que haya igualdad o desigualdad, el hecho de que vivamos en un mundo en el que en una región la gente muere de hambre y en otra de anorexia, el hecho de que por nacer con un apellido en concreto seas el Jefe del Estado, el que haya un médico que te salve la vida, el que en tu región haya una guerra, o paz, o una dictadura, o una democracia, directa o indirecta, democracia radical o representativa, democracia verdadera o ficticia, o el anarquismo, o la explotación del hombre por el hombre, o el mal trato del ser humano al resto de la naturaleza, el terrorismo, el hecho de que tengas que irte de tu país, las oportunidades que te ofrece tu nuevo hogar, el hecho de que triunfe una revolución, el imperialismo, el derecho a la autodeterminación de los pueblos, la autogestión, la solidaridad, la libertad individual, la propiedad de los medios de producción, el levantarse contra la injusticia, el que exista una injusticia, el que haya unos derechos que tengas por el simple hecho de ser humano, el que dichos derechos se respeten o no, el hecho de que haya poderes económicos que nadie votó con capacidad de decisión, el que haya más o menos soberanía nacional y popular, el que haya corrupción entre los gobernantes, el que los gobernados se lo permitan, el que haya represión desde los gobernantes a los gobernados, o no, el que no haya gobernantes y gobernados, sino sólo seres humanos que se gobiernen a sí mismos… TODO ES POLÍTICA.

Los gobernados deben vigilar a sus gobernantes, exigirles transparencia y que cumplan lo que prometieron en campaña. Uno de los males del país es nuestra poca tradición de cultura democrática, en nuestra historia cobran más protagonismo los pronunciamientos militares por la fuerza que la verdadera participación ciudadana. No somos dueños de nuestro propio destino como nación, y lo peor de todo es que nos da miedo ser los dueños, llevar las riendas; por eso arengamos líderes que decidan por nosotros y creemos en supuestos salvadores de la patria. Parece que votar algo más allá de los representantes cada cuatro años nos de miedo, no se tratan otras cuestiones, no hay referéndums, pero tampoco los exigimos con todas nuestras fuerzas y con todos nuestros efectivos. Y bueno, al menos ahora podemos votar a nuestros representantes – eso sí, en listas cerradas – que van al Congreso de los Diputados, que antes ni eso… cosas de la dictadura.

Es cierto que con el 15M cambió algo, a raíz de una situación límite mucha gente se interesó por la política, se podría decir que se “democratizó” la política en las calles, en el sentido de que muchos descubrieron que la política sí podía ser de todos, que “no era algo de las élites”, sino que ellos también podían como mínimo debatir. Aunque no tuvieran verdadero poder de decisión, eso ya era mucho, que hubiese debate entre la gente de a pie y que se recuperase el asamblearismo en un país que poco tiempo atrás vivía exclusivamente pendiente de Belén Esteban y el duelo Mourinho vs Guardiola fue sorprendente. Desde el No a la Guerra de 2003 y aquel triste 12 de marzo de 2004 no se veía tanta movilización. Aunque todavía queda mucho por hacer.

“Tú haz como yo, no te metas en política”, así zanjaba Francisco Franco las discusiones entre sus ministros y hombres de confianza.

Algunos se preguntarán: ¿Y de dónde viene ese pasotismo? ¿Por qué hay tantos analfabetos políticos en España? La Historia te da la respuesta, siempre hemos ido rezagados; mientras en Francia se hablaba de separación de poderes aquí seguíamos anclados en el Antiguo Régimen, mientras algunos países ya están experimentando con la Renta Básica Universal aquí ese tema está fuera del debate político. Podemos ejemplificar nuestra falta de cultura política con una frase: “Tú haz como yo, no te metas en política”, así zanjaba Francisco Franco las discusiones entre sus ministros y hombres de confianza. En nuestra historia hay demasiado protagonismo para generaluchos que terminaban haciendo carrera política, militares sin ningún tipo de sensibilidad, se trataba de hombres ineptos para el debate, impetuosos que se hacían con el poder por la fuerza.

Al igual que otros aspectos del franquismo sociológico, ese “no te metas en política” sigue vigente, la frase hizo mucho daño, y hoy la repiten los mismos que quieren que te desentiendas, que quieren hacerte creer que la política es sólo para los políticos, en el fondo es un “no te metas en política (que ya me meto yo, y así, decido por ti)”. Por suerte, ahora las cosas están cambiando, algunos queremos ser los dueños de nuestro propio destino, nos gusta el debate y no nos tiembla el pulso a la hora de señalar a la barbarie.

Opinamos que las personas no somos mercancía, por eso protestamos contra el CETA y el TTIP, tratados que escudados en la defensa del libre comercio están diseñados para enriquecer aún más al 1%, reduciendo tus derechos como trabajador y consumidor, anulando la soberanía nacional y destruyendo nuestro medio ambiente. Estos acuerdos son un riesgo para nuestra salud, una amenaza para la democracia y un ataque directo a derechos conquistados con muchos años de esfuerzo. Está sobre la mesa el ajuste a la baja de las normas que regulan las condiciones de la vida animal, ese mismo sistema de rebajas en los derechos se llevaría a cabo también en el terrero laboral. Estos acuerdos están rodeados de un gran secretismo, se negocian de espaldas a la ciudadanía, no tienen nada de democrático. Se viene hablando del CETA y del TTIP desde hace tiempo, aunque parece que estos dos acuerdos son una cortina de humo para darnos por la espalda una puñalada aún más letal: el TiSA, acuerdo no tan conocido para la opinión pública, todavía más secreto que los dos anteriores, sólo WikiLeaks ha logrado desvelar algunos extractos. Y sí, todo político español que apoye los tratados TTIP, CETA o TiSA es cómplice del engaño; rechazar estos tratados no es una cuestión de si te consideras de derechas o de izquierdas, conservador o progresista, es una cuestión de HUMANIDAD. A no ser que formes parte de ese 1% de personas que posee tanta riqueza como el resto del planeta, no regales tu voto a los cómplices del engaño, puesto que lo que haces al votarlos es perjudicarte a ti mismo. A ese 1% de personas que manejan el mundo y recortan tus derechos les interesa que la gente se desentienda de la política ¿Cómo no les iba a interesar? ¡Si es un chollo para ellos! Entonces… ¿Cómo paramos esto y más? La receta es simple: UNIÉNDONOS, el día que todos esos que dicen pasar de la política abran los ojos seremos imparables. Porque, por mucho que le pese a esa minoría, 99% siempre será más que 1%.

Este vídeo subtitulado al castellano explica de forma clara y didáctica qué es el TTIP y en qué te afecta:

Más información aquí.

Sé que podría parecer que las palabras que conforman el titular no guardan relación entre ellas. Es por ello que veo necesaria esta aclaración. Este artículo es simple y llanamente la explicación del fenómeno del analfabetismo político, que aunque sea algo mucho más antiguo, queda muy bien encarnado en la figura de Francisco Franco. La posible aplicación de – los caballos de Troya para nuestra democracia – CETA, TTIP y TiSA, tema de actualidad, no es más que una de las muchas consecuencias de que se dé este fenómeno en España.

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