Divulgación | Las redes sociales: Fuentes de inmadurez

Por Marta González @Clarissablair84

De repente, sin darnos cuenta, sin que hayamos podido preverlo, las personas adultas han vuelto a la adolescencia. No sabemos cómo, ni por qué, pero quien tiene un cuerpo de cuarenta años pasa a expresarse como si estuviera en los quince. Una posibilidad es que las personas adultas siguieran en un estado mental adolescente, pero que sus cauces de expresión no fueran suficientes como para mostrar esta desgracia ante un amplio público. Nos referimos a quienes han pasado la adolescencia porque no es nada criticable que un adolescente se exprese, claro, como un adolescente. Que se dedique a adolecer por las esquinas, ver enseñanzas filosóficas donde solo hay un amasijo de palabras facilonas, y clamar al mundo lo que siente, con qué intensidad, y lo que el mundo agradece esta delicada atención. Aunque en verdad al mundo le dé exactamente igual si quiere disfrutar la vida porque ya ha llorado mucho por amor. Pero, ¿y si esta persona pasa los dieciocho, los diecinueve, incluso los veinte, y puede que los veinticinco, y de ahí ya sin cura hasta la senectud y la muerte, y continúa comportándose de igual forma? Esto, desde luego, es un problema. Y parece expandirse, contagiarse, y campar a sus anchas en nuestras pantallas. Porque este germen ha crecido o, quizás, ha sido capaz de mostrarse a la generalidad con cierta contundencia, a través de la posibilidades que brindan las redes sociales.

Fotografía: Dachmont

En efecto, las redes sociales son una maravillosa oportunidad para dejarte la madurez por el camino. Pongamos un ejemplo sencillo: la relación sentimental entre dos personas. Es una relación a distancia, y uno pone un estado en Facebook donde se nombra al otro y dice “Te echo de menos”. Así, sin más. Aunque puede no tener demasiado sentido, llega el paso siguiente, donde la pareja cumple un determinado tiempo juntos, o se trata de algún acontecimiento o, sencillamente, lo ponen porque sí. Y se trata de un largo párrafo cuajado de expresiones como: “Mi compañero de vida”, “Quien siempre me da su mano”, “Qué decirte ya, mi amor”, “Juntos siempre”, “Nadie nos separará”, etcétera, etcétera… etcétera. Y tú, que quieres ver fotos de perros, porque para algo te has metido en varios grupos donde compartís las fotos de vuestros peludos, o que miras si tu sobrina ha subido fotos del viaje que está haciendo, o a ver si cotilleas algo, te encuentras con ese testamento lleno de faltas de ortografía -porque ésa es otra, pero no corresponde aquí comentarlo-, y te preguntas si no se ven nunca, o si no tienen teléfono, o whatsapp, o una hoguera para mandarse señales de humo, porque, veamos, ¿a quién le importa esa cursilada ahí escrita, a qué viene poner en público algo que sólo a vosotros concierne y cuyo contenido, parece, es bastante privado? Pero una mujer de cincuenta y pico ha sufrido la pérdida de su hermano, por culpa del cáncer, y ahí redacta cómo ha sido incapaz de dormir y ha pensado en que ahora le faltará esa llamada de por la mañana donde la llamaba “canija”. Y, vaya, es muy triste, pero, ¿realmente es Facebook un medio donde publicar algo así? ¿En serio, esa falta de privacidad? Y luego ella, desgraciadamente, desarrolla un cáncer y cuenta cómo está esperando en el hospital para hacerse el tratamiento de quimioterapia. Pero esto resulta muy escabroso.

Ilustración de Alfredo Cáceres para El mercurio

Una de las principales manifestaciones de la adolescencia prolongada, o la adolescencia definitiva y nunca superada, son las frases trascendentales. Esas frases profundas, que hablan de sentimientos, de dogmas de vida, de decisiones y juicios de valor. Que en su brevedad -a menudo también con faltas de ortografía- consiguen remover tus emociones e iluminar una verdad de lo más profunda y humana. Me refiero a las tonterías que la gente comparte cuyo mensaje es el infantilismo más farragoso y ridículo que pueda existir. Señalemos algunos ejemplos: “No le hagas espacio en tu futuro a quien ya te dejó viviendo en su pasado” -8.414 personas que han reaccionado ante ello y 1443 veces compartido-; “Madurar es poder sonreír ante esa persona que te hizo llorar” -muy a cuento de este artículo, 20.516 reacciones y 3991 veces compartido-; “Ser un niño otra vez es lo mejor que nos puede pasar: las rodillas raspadas sanan antes que los corazones rotos” – 17.123 reacciones, 3.493 veces compartido-. Y vamos a dejarlo aquí. Todas estas “frases” han sido copiadas de una página de Facebook con casi ocho millones de “me gusta”. No sé si es necesario añadir más. Dudo mucho que una persona con cierta madurez se deje encandilar por estas… “frases”… o pueda ver siquiera algo aceptable en ellas.

Lo más triste de todo esto es ver cómo la mediocridad se ha convertido en algo popular, extendido, inagotable. Y las cadenas donde se proclama que “las personas serias son también las más sensibles” parecen decir “las personas que comparten esto son también las más estultas”, y sí, la pedantería es para ver si cogen un diccionario y buscan su significado, porque si bien ya inspira repulsión el absurdo mensaje, más todavía las inmensas faltas de ortografía y la ausencia de cohesión lingüística, aunque eso se hablará en otro momento.

Termino este artículo recomendando a todos aquellos que estén en contra de lo que he dicho, y que sí aprecien estas construcciones y los mensajes íntimos a voz en grito en las redes sociales, Maktub, de Paulo Coelho.

One thought on “Divulgación | Las redes sociales: Fuentes de inmadurez

Deja un comentario

Uso de cookies

Nueva Revolución utiliza cookies, no podemos evitarlo. Al seguir navegando estás dando tu consentimiento para la aceptación de las cookies y la aceptación de nuestra política de cookies CERRAR