18 de julio del 36: Un pasado sin justicia

Por Alba Martinez 

Vuelvo a utilizar esta columna para hablar de pasado. El 18 de julio de 1936 un golpe militar acababa en España con una República elegida democráticamente. Fue un acto militar en contra de un gobierno legítimamente constituido que desencadenó en una guerra civil.
España se convirtió así en un Estado fascista apoyado por sus iguales: Alemania, Italia y Portugal.

Tal día como hoy hace 81 años comenzó el genocidio español: fusilamientos, encarcelamientos, persecuciones ideológicas hacia una población desarmada. Una lucha entre ideales demócratas y fusiles fascistas.

Cuando a la derecha no le gusta que la izquierda triunfe utiliza la fuerza. Y esto es lo que pasó ese 18 de julio. Tras la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero del 36 los grupos de extrema derecha se lanzaron a la calle creando un clima de violencia.
Y así llegó la Dictadura. 40 años de franquismo, cunetas, y nada de libertad.

¿Por qué hay que seguir recordando este día? Porque los crímenes de Franco siguen impunes. La ley de amnistía de la transición perdonaba los crímenes del franquismo y sus verdugos quedaron impunes. Billy el niño vive su vida mientras Ascensión Mendieta ha estado luchando durante años para poder sacar a su padre de una cuneta. Y no lo ha hecho gracias a la justicia española, sino a la argentina.

Martín Villa, acusado por la jueza Argentina Maria Servini en 2014 por considerarlo corresponsable de la masacre de Vitoria de 1976, ha sido conmemorado por el rey en el aniversario de los 40 años de democracia. La jueza señala a Martín Villa como responsable de la represión de la concentración de trabajadores en la que murieron Pedro Martínez Ocio, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, José Castillo García y Bienvenido Pereda Moral, además de 150 heridos.
Esto comenzó a raíz de una asamblea de trabajadores. En la iglesia del barrio obrero de Zaramaga, miles de trabajadores se reunieron en asamblea. Afuera se congregaron muchos más y, en medio, se situó un centenar de agentes de la Policía Armada. Entonces sucedió lo incomprensible. Por la emisora de radio que comunicaba a los grises con el centro de mando, alguien dio la orden de gasear con bombas lacrimógenas el interior de la iglesia.

Hoy se hacen series sobre el cuñadísimo caracterizándolo de seductor; entierros a franquistas donde se canta el ‘cara al sol’ sin ningún reproche; condecoraciones a franquistas y silencio y olvido para Marcos Ana, Timoteo Mendieta y para miles de fusilados que siguen en las cunetas. Tenemos un mausoleo dedicado a Franco, calles y plazas con nombres de sus militares más fieles y ni un céntimo en los presupuestos generales para memoria histórica.

Hoy, volvemos a hablar de pasado, pero de un pasado que sigue siendo presente hasta que no se haga justicia. Porque si hace poco celebramos 40 años de democracia ha sido gracias a todos esos anónimos que lucharon por las libertades del pueblo español.

No se puede crear una democracia sobre miles de fosas. Una democracia real no debe temer a su historia. Durante la guerra civil y la posterior dictadura se violaron muchos derechos humanos que siguen impunes a día de hoy. Por eso, sí, seguimos hablando de pasado mientras la justicia siga ausente.

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